Artículos Francisco Umbral

La Bien Plantada


Cuatro horas, aquellas cuatro horas que Zapatero estuvo ausente de su escaño, de su Congreso, de su debate. Todo calculado a la perfección, menos la soledad de una mujer que espera, en este caso la vicepresidenta, a la que imaginamos rodeada de bolsas de alta costura, con las compras ya hechas, esperando a su amistoso componente político. Una mujer que espera es siempre la metáfora de la soledad. A una mujer se la puede ausentar de muchas maneras, salvo esperando. La espera femenina es peor que un crimen, a no ser que sea posterior al crimen. El señor Zapatero no acudió a la cita por miedo a su encuentro con Rajoy, a su encuentro con los rivales, a su encuentro con la Historia, que él iba a quebrar fríamente por una esquina del Estatut. Una mujer sola y bien vestida, una mujer con cara de impaciencia, con cara de no coger un taxi. Una mujer con una legión de catalanes, todos esperando. Ella esperaba a su jefe espiritual, pues ya no tiene edad para tonteos, y los diputados esperaban al que iba a ser su jefe político mediante una aclamación de cuatro horas que suplieran las cuatro de ausencia. Zapatero lo hizo bien en cuanto a esconder las gallinas, darle puerta a Rajoy y todo eso, pero se equivocó en lo más delicado, en lo más mundano, en el planto de una mujer que trabaja a su lado, que le ayuda a llenar espacios vacíos, pero de pronto no sabe qué hacer con un escaño vacío. Los más avisados decían que doña María Teresa estaba previamente advertida, que su Conde de Montecristo se dedicaba a trasponer murallas para llegar tardío y triunfador. Pero todo eso son argucias masculinas que la mujer no entiende por eso, porque ella es más femenina. Y aquella manera de mirar el escaño vacío, el espacio perdido, el tiempo perdido, que allí se hacía visible. Un galán como los de Lope, que sabían mantener una novia monja, nunca hubiera incurrido en ese gesto casi hortera de no aparecerse ni por gestos. El joven josefino o lo que sea, que hay en él, le impide estos detalles con una mujer que sabe esperar aunque todos la estemos haciendo fotos. La política tiene que ver con todo, como los toros y el fútbol.Está llena de frases, de palabras, de un lenguaje propio que sirve para administrar los tópicos del amor o del reloj. Importa la política, importan los toros, importa Cataluña (mañana será Vasconia), pero importa más una mujer que espera, que quizá lleva muchos años esperando, interrogando a ese escaño que consagra la belleza de un ausente. No hemos visto en la prensa ni en la televisión una elegía breve y oportuna, con su imagen, con la imagen de cuatro horas vacías, quiero decir, o para ser ocupadas por un príncipe republicano de ojos azules. Zapatero está llevando sus manejos sin manos, limpiamente, pero de pronto incurre en un mal gusto principesco: la vuelta de espaldas a Rajoy, las cuatro horas tiesas a doña María Teresa. Cataluña está madura, Vasconia está madura, pero nuestro príncipe republicano está muy verde para trastear mujeres y para trastear provincias, que enseguida se le convierten en naciones. Los buenos políticos saben que lo primero para trastear mujeres es aprender a trastear hombres. Pero Cataluña no es hombre. Es sólo Teresa, La Bien Plantada de Eugenio d¿Ors.

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