Artículos Francisco Umbral

Mitologías


Estados Unidos no vota sólo a un hombre sino que vota un mito que el pueblo se encargará de hacer realidad, si hay lugar a ello. Quiere decirse que la madre de las democracias modernas necesitó algo más que los bustos ilustres excavados en una montaña. Necesita esos bustos, con corbata y de paisano, haciendo política mundial. De ahí que las elecciones americanas sean a la vez democracia y fiesta. Tienen algo teológico y algo lúdico que diferencia a aquella democracia de cualquier otra. A falta de unos dioses y de unos monarcas, USA tiende a ir constituyendo una mitología civil. Esta búsqueda del mito, esta construcción de la mitología democrática avanza muy lentamente. No todos los presidentes electos son hombres/mito, ni mucho menos Y otros se vienen abajo como tales mitos al poco tiempo de su elección. En el nacimiento de aquella fabulosa nación podemos contar sólo dos aportaciones a la mitología civil Lincoln y Washington. En los tiempos modernos, Eisenhower, Roosevelt y Kennedy se han instalado antes o después en la mitología por la que se rigen los calendarios políticos del país. A Eisenhower le otorgó esa dignidad la Historia por su audacia y acierto en el desembarco de Normandía, que fue la puerta para la reconquista de Europa, una Europa calcinada y dividida entre Hitler y Stalin. Pero he aquí que uno de los tres, o sea Kennedy, perdería pronto esa dignidad por errores políticos y sentimentales: el desembarco en Bahía Cochinos, la muerte de Marilyn Monroe y el regicidio de Texas, que ha quedado como un opaco episodio de gangsterismo.Hay que decir, sin embargo, que la devoción que el pueblo americano profesa a Kenne-dy ha superado todo eso, de modo que aquel Ivanhoe de que hablaba Jacqueline sigue siendo la sombra más grata y cercana de las que habitan espiritualmente la Casa Blanca. En la participación relativamente alta del pueblo, en esta ocasión, en la emergencia de los ideales patrios e incluso en la decisión guerrera de Bush ante el peligro oriental puede detectarse un crecimiento de ese afán colectivo y callado de los americanos por contar con una mitología política y social equivalente a las monarquías europeas y a las teologías unipersonales, como la de Napoleón, Churchill, De Gaulle, etcétera. No se puede entender nada del proceso electoral americano si no se tiene en cuenta que aquel pueblo, pese a sus mulatismos invasores, sigue cultivando el mito teológico del hombre providencial, que en cierto modo se contradice con el fervor por el líder, pero es sencillamente que USA sigue echando los cimientos de su nacionalidad, de su sentido de patria, de su americanismo, en fin, que es invasivo hacia fuera, hacia el resto del mundo, pero es paradójicamente tímido y malogrado hacia adentro. Ni Bush ni Kerry han sido ni van a ser grandes aportaciones al proyecto mitológico de aquel país, Kerry ha quedado muy caballero con su retirada a tiempo, que es una renuncia a seguir mintiendo a la gente, y Bush tiene en contra a la intelectualidad de su propio país por la condición guerrillera que ha demostrado durante su mandato. Claro que ningún presidente se había enfrentado nunca a un evento tan negativo como el derribo de las Torres Gemelas.Después de todo, Bush ha estado más discreto de lo que nos temíamos de él. Una amiga mañanera me manda buñuelos de los Santos y me dice que Bush tiene mejor equipo que nadie. Y ella sabe de eso.

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