A Jaime Campmany
Tal que el otro día se preguntaba el maestro Campmany, en feliz artículo, de qué se ríe Mariano Rubio al salir de la cárcel, de qué se ríe en otras apariciones postcarcelarias. Pues está bien claro, jefe, de qué se va a reír, hombre. Se ríe de nosotros. Se ríe don Mariano de lo fácil que es en este país llevárselo entero sin que el gentío haga otra cosa que buscarle en las revistas del corazón, de lo fácil que resulta convertir el Banco de España en una casa de putas para pagar luego el desliz con una honesta fianza de quince millones o así, que hasta han tenido que hipotecar la casa, hombre, para reunir ese dinero, casa que ya sabemos en qué condiciones de saldo se compró. Se ríe don Mariano de lo listo y dócil que ha sido con su silencio, de cómo se puede comprar a otros hombres con el silencio, y hasta comprar la propia libertad, que él no es un ordinario como Roldán que vaya por ahí con manta, tirando de la manta. Nunca se le ha visto en una soiré con manta, jamás se le viera en Joy Eslava con manta, ni en Archy, que Rubio es un biuti y no un jarrapellejos como Roldán, que anda por Lisboa tirando de su manta zamorana, que huele ya a orgía putañera, a rancho cuartelero, y es una manta en la que se han meado todas las putas del Interviú. Roldán se está envolviendo cada día más en su manta, se va a hacer de la manta un lío, o de la picha, y le van a coger tirando de la manta. Aquí primero te callas, te olvidas, como Rubio, como Serra, como Juan Guerra, aquí cremallera total, y luego, al freír será el reír, lo cual que están todos fritos de risa. Sólo pasa en España, claro. Hasta a los Kennedy les están recordando su novela negra con motivo de la muerte de Jacqueline. Pero en España, que somos una democracia tan americana, por voluntad de Felipe González (proyecta hacer del PSOE el partido republicano USA), en España, digo, te gastas el Banco de España en pipas, te fundes los fondos reservados en izas, rabizas y colipoterras, te «dilapas» Filesa en bragas para Aída y, si uno sabe guardar silencio, estarse callado ante los jueces, no dar el queo, coño, luego no pasa nada, las cosas se olvidan, los jueces tienen mucho trabajo, a las Cortes ya no va nadie por si vuelve Idígoras, y en este plan. Lo cual que cómo no va a reír y sonreír don Mariano Rubio, querido Campmany. Ni él mismo se lo creía, o sea, que iba a salir del trullo tan pronto, tan fácil y en olor de popularidad, que en los saraos se lo disputan y si no tienes en una cena a Mariano Rubio no eres nadie. Es el recado que anda hoy por las motorolas: «Que no me faltes a la cenita, que tenemos a Mariano». Y Mariano va y ríe, sonríe, posa para la prensa del corazón y los presidiarios, que en Alcalá-Meco se está vendiendo el Hola como nunca, que todos los huéspedes quieren ver a su compi, su viejo compi, tan elegante y tan puesto, alternando con la jet y la Preysler, como si no fuera uno más del afane, y el que tiene más peligro. Don Mariano sonríe, sonríe, sonríe y calla, sonríe y fuma, por dentro es que se desescoña de risa, vamos, que ni él mismo se lo puede ni de creer, oyes, lo fácil que ha sido todo, y lo bonito, sólo por saber estarse callado a tiempo, por no pedir una manta en Alcalá para tirar de la manta, por no perder las maneras ni descomponer la figura. Se ríe de nosotros, los nacionales, que aforamos los impuestos a tope, que pagamos con la perpetua por una gallina, que tenemos todos un primo en Ocaña por un tocomocho de tranvía, de cuando había tranvías. Cada vez que lo piensa, o sea, don Mariano, lo gilipollas que somos los españoles, es que le entra la risa floja y ya se lo dice Carmen, que te vas a matar de risa, leche.

