Pintar 'Casablanca'
Pilar del Castillo entrega a las Autonomías varias horas lectivas en castellano para que las dediquen a otra cosa. De lo que se trata es de los responsables educativos de Cataluña. La forzada y forzosa decisión de la ministra deja a los alumnos de las comunidades autónomas en inferioridad de condiciones con el resto de los españoles. Conociendo la filosofía anchurosa y nada nacionalista de la ministra Pilar, ya sabemos que la iniciativa no es suya sino de los autonomistas extremos que se distraen inútilmente en estas batallitas, y digo extremos porque son los fanáticos de su pueblo y luchan con picardía contra la gran lengua española, que sigue hablándose con holgura, donosura, claridad y buena comunicación. La pequeña guerra de las pequeñas lenguas viene herborizando en España desde cuando la Transición. Es un problema que no había y que los políticos resucitaron sin querer, en su euforia de libertad y desmadre. Un desmadre es, efectivamente, que en Madrid tengan que traducirse las películas de Bilbao y en mi pueblo las películas de Barcelona. Eso no me perjudica a mí, que no voy al cine. Eso perjudica al cine mismo. Sin salirnos del cine y la tele, anoche mismo recordaba la revolución comercial de los colores, cuando todas las grandes y pequeñas películas de Hollywood, conservadas desde la época del blanco y negro, fueron coloreadas, repintadas, porque los empresarios encontraban eso más comercial y glamouroso. Garci puso incluso el ejemplo de Casablanca, que es un momento sagrado del cine en blanco y negro y del cine en general. Ha pasado más de medio siglo y Casablanca es la mayor película de culto que conserva el cine. Pues hale, dale brocha. Del mismo modo aquí se ha repintado la lengua española de valencianismo, de galleguismo, de catalanismo, de vasquismo, y estoy esperando esa gran superproducción que se puede hacer con El miajón de los castúos, de Chamizo o así. Mucho más grave que colorear Casablanca es colorear el español de Levante, del Sur o de Extremadura.Los hispanoamericanos, más sensatos, siguen hablando un castellano clásico y de fuerte belleza, un castellano en el que puede hablar cinco horas seguidas Fidel Castro sin que se le acaben las palabras, un castellano en el que puede pronunciarse Vargas Llosa con más pureza y lozanía que muchos de nuestros escritores nativos. Hoy, en España, se protegen las mafias, se manda a morir periodistas a Irak, se explota a las extranjeras, se enriquece y complica la industria de la coca, pero más grave que todo eso es repintar Casablanca o poner en badajocense la poesía de José Hierro.Estamos jugando a distribuir este país, a minimizarlo, a romperlo en miniaturas sin ningún valor. Y aquí no hay ningún Sadam que justifique la rapiña. Sólo nos mueve el calorcillo provincianista y ese germen profundo de anarquismo inculto que retiñe nuestras revoluciones. Acaba de morir un anarquista absoluto, Chumy Chúmez, cuyo anarquismo viene probablemente de los desprecios y apartamientos que sufrió como niño maketo nacido por casualidad en el País Vasco. Pero no todos los maketos son Chumy Chúmez.

