Chumy Chúmez
Tenía un aire de estudiante pobre y una ironía en los ojos y la sonrisa que era su gesto habitual, el reflejo de humor que le daba todo en esta vida. Chumy Chúmez tenía una conversación hecha de silogismos surrealistas y citas de Freud. Sus chistes -que él odiaba llamar chistes- eran sólo el abejeo repentino y constante de su conversación, que manaba de Freud y se hacía grafismo en Picasso. Chumy Chúmez ha muerto anoche en Madrid, según me dice Amilibia, y se ha muerto de una muerte surrealista que todavía llama al sereno desde la tumba. Cuando se sigue haciendo en la prensa española un humor viejo, de caricatura, costumbrista, localista y con las carteras de los ministros al pie, para que sepamos quiénes son, muere el más grande humorista español del siglo XX. Iba más lejos que Mihura o Jardiel porque se había formado en Marcel Proust, cuya obra es de un humorismo doloroso y constante, aunque eso se ha estudiado poco en Marcel Proust. En cuanto al dibujo, estudió arte toda la vida en Bellas Artes y yo me lo encontraba muchas tardes en la barra del bar, esperando a alguna de las alumnas, todas bellas y que lo admiraban hasta donde podían, porque Chumy siempre iba más lejos que ellas y que todos nosotros. -Eres guapa, lástima que seas cojita. -Pero si no soy cojita. Mira qué piernas. -Digo cojita de aquí. Y se cogía la frente en un pellizco. Cuando todavía se hace costumbrismo, casticismo y zarzuelería en la prensa española, sólo se salvan Chumy, Máximo y El Roto, más Reboredo y Sañudo y Caín, recién descubiertos por Anson, y nuestro Ricardo. Cuando en el teatro, en la tele y en la vida seguimos siendo graciosos a la española, muere Chumy Chúmez dejando unos cuantos discípulos, los que he citado, y una sonrisa de muerto que le rejuvenecía mucho. Compartimos algunas amigas y así tenía yo una visión poliédrica de Chumy, según le veía cada mujer. Sólo las inteligentes le seguían en aquella su conversación en clave de humor que no quería parecerlo. Y a las muy inteligentes les molestaba tanto talento, pues, según su misoginia, la mujer siempre tiene la vanidad y la envidia de no ser hombre. Metido en dibujos y en el dibujo, llegó a estudiar mucho a Picasso. Le fascinaban Picasso y los clásicos. A Picasso le robó todo lo que pudo, como debe ser, y a los clásicos los reproducía directamente en láminas que en seguida parecían suyas. Estaba haciendo lo que ya hiciera Max Jacob en los años 20. El surrealismo no es sino la fiesta de gala del psicoanálisis, y en esa fiesta vivió Chumy toda su vida, del brazo de Proust y de Picasso. Solitario y enfermizo, lo visité alguna vez en su casa de Pez Volador y lo encontré metido en la cama. Era el enfermo más optimista del mundo y yo le llevaba originales para Hermano Lobo, hasta que un día me dijo «pero tú eres un genio», y esto podía tener múltiples sentidos visto desde el talento crítico de Chumy. Soltero y solitario, estaba como haciendo oposiciones para la muerte, que le ha venido ahora rauda e insistente, a los 75 años, cuando todos le han copiado y nadie le ha igualado.Demasiada genialidad para la amortecida España del casticismo.Ya nadie le pedía colaboraciones.

