Las medicinas
La política asistencial del Gobierno consiste crudamente, hoy por hoy, en ir restando servicios, medicamentos, ayuda, a unos españoles modestos, y en su mayoría viejos, que se han pasado la vida cotizando, desde Franco a Aznar, pasando por toda clase de poderes, para que ahora les digan que esa receta no cura o que, en todo caso, tienen que pagarla. El tema es cruel, paradójico, un modelo de cinismo político y una agresión de nuestros monetaristas contra los sectores más desatendidos e inermes de nuestra sociedad. Si esto no es una política de derechas, que venga Dios y recete otra cosa. No se puede decir que España va bien cuando hay que recurrir a los ahorros de los jubilados para cuadrar el balance. Es el momento en que el presidente, en un gesto democrático de pura incoherencia, sube el 30% a sus funcionarios mejor pagados, socapa de suprimir aquella chance en los Consejos de Administración que tenían los ministros jubilados de los 40/40, como contábamos aquí el otro día. A uno no hay cosa que más le desconcierte que la corroboración de la evidencia, eso de que el amigo con fama de tonto y facha sea efectivamente tonto y facha hasta pidiendo una cerveza. La vida social nos ha enseñado a no creer demasiado en la leyenda de las personas, mala o buena, y siempre se supone que hay una distancia de lo pintado a lo vivo, pero cuando la identidad entre lo pintado y lo vivo es tan absoluta, yo es que me mareo, se me va la olla y dejo de entender el castellano. Suprimir una medicina a quien lleva toda la vida pagándola, subir el sueldo gloriosamente a los coleguis, apuntarse al bombardeo más gratuito, caprichoso, sanguinario y confuso de Clinton, planear la tala de más de 200 árboles en la Casa de Campo, todas estas cosas y más, juntas y dispersas, dan un programa de derecha tonta, porque la derecha inteligente de Inglaterra sigue siendo inteligente incluso en el Poder, y no digamos ahora en la oposición. Lo cual que son tan derechona antigua como se nos había dicho y uno se negaba a creer. Don Manuel Fraga desaloja el arte moderno de su reino porque a él la pintora que le gustaba era María Antonia Dans, y lo comprendo, pues María Antonia pintaba muy bien y además era paisana. Pero todas estas secuencias reunidas, articuladas por sí solas, dan un montaje político de moderantismo descerebrado que yo atribuyo a la seguridad en el cargo que van teniendo todos, ya que la izquierda hace una pobre oposición con vídeos de colegio, como el de Amor, y la Bolsa y el Banco de España llenan todos los días hasta la bandera española. La confianza en los diez millones de votos llevó a Felipe González a meterse en algunas arriesgadas aventuras, como la confianza en el precio del dinero lleva a Aznar a manifestarse tal cual es. Se acabó la pasarela Cibeles del liberalismo, el desparrame, el centrismo y la España alegre y faldicorta. Los bares que cierren a las diez. La roboración de que estamos tratando con una derecha tonta está en que, después de encarecer o retirar determinadas medicinas, nos explican que en realidad no curan, o sea que son un timo. Quieren convencernos de que nos encarecen la farmacopea por nuestro bien. Y cuando un tonto se pone convincente es más convincente que nadie, pues carece del freno o control de la sensatez y la no insistencia. Pero uno sólo quería dejar constancia de que la derecha está fuerte y por eso se atreve a ser más derecha. Este Gobierno va a tener su 98 en Irak, una victoria segura que también suma votos. Yo me agarro, por si acaso, a la muleta de Cascos.

