El acueducto
Cuatro académicos de Bellas Artes nos alertan sobre los riesgos de herir el casco monumental de Segovia para construir un aparcamiento y un hotel delante del Acueducto. Los arquitectos Miguel de Oriol e Ybarra, Rafael Hoz, Carlos Romero y el jurista José Luis Alvarez consideran estos proyectos «estéticamente inadmisibles». Hay atentado contra la estética y peligro contra el arpa de piedra que es el Acueducto, edificio que sólo son ventanas, naipe de siglos y memoria de Roma. Roma, que era el sentido común (por eso inventó el Derecho), tuvo un arranque lírico en Segovia construyendo un Acueducto donde la piedra quiere rimar con la musicalidad del agua. El Acueducto tiene muchos siglos (podría mirarlo en «El secreto del Acueducto», novela segoviana de Gómez de la Serna, pero no me voy a levantar ahora a buscarla), y Segovia tiene un Ayuntamiento conservador. Pero ocurre que nuestros conservadores nunca han conservado nada que lo valga, salvo los abanicos de su abuela gobernadora en Filipinas. Aquí es más conservadora y restauradora la izquierda, porque tiene más cultura. Me alegra que entre las voces clamantes en el desierto académico esté la de mi anfitrión y amigo el ilustre Miguel Oriol, hombre empeñoso y de buenas intenciones. Pero el daño ya no creo que lo paren. Supongo que Segovia es hoy de la derecha total, e incluso de la derechona, pero lo que caracteriza a unos concejales con mando y mayoría, siempre, sean de la tribu que sean, es la vocación por los aparcamientos, que les deben parecer la arquitectura de nuestro tiempo, el gótico subterráneo, la última consecuencia de Gropius, sólo que en más hortera y siniestro. Como Segovia es ciudad de turismo, como el turismo viene a ver el Acueducto, el alcalde va a levantar un hotel delante del monumento, lo que remueve y retiembla mucho la tierra. Se caerá el Acueducto y se levantará el hotel, y los turistas ya tendrán un hotel desde donde mirar un Acueducto que no existe mientras se lavan los dientes. Pero las autonomías quieren ir de modernas, que para eso están, y Segovia ya no puede vivir sin un hotel que tape el Acueducto y sin un aparcamiento a los pies de la muralla, que es la manera más útil de socavar la muralla y derruirla para siempre, ganando en cambio un espacio precioso para meter los coches, pues actualmente, en una autonomía, el que no tiene coche es sospechoso de etarra, que los etarras siempre andan de coche robado. Estos académicos de Madrid han estado muy puestos a la hora de denunciar el dislate municipal, pero no tienen ninguna autoridad, ni siquiera moral, sobre otra autonomía, y menos sobre una autonomía con Acueducto, que en seguida tiran de Derecho Romano y te explican que el aparcamiento ya estaba previsto por los centuriones para que aparcasen el mini sus concubinas. La concubina fue otro invento de Roma que también les gusta mucho a los concejales de cualquier autonomía, sólo que ahora algunas se llaman top/model. Las top/model (ricas están), que siempre anuncian coches junto al Acueducto, se van a quedar sin trabajo si se tiran esas cuatro piedras antiguas. Ya que parece inútil hacer campaña por las ruinas romanas, hagamos campaña por las top/model, que son en la pasarela un milagro de equilibrio y esbeltez como el Acueducto. Uno piensa, mirándoles las piernas, que también el Acueducto fue joven.

