Cela cervantizado
Le den o no le den en estos días el premio Cervantes, Camilo José Cela es un escritor cervantizado desde siempre por la resonancia clásica de su prosa y por la condición andariega de su persona y libros. Cervantes fue otro gran andarín de España por oficio y beneficio (poco). Con CJC se ha creado en estos últimos años un malentendido social y literario en el que se cruzan el premio Nobel, su segundo matrimonio, su vuelta a Madrid, el creciente distanciamiento del público fácil que hay en sus últimos libros, etc. El propio premio Cervantes ha sido un elemento más de polémica en este siempre complejo personaje. Recurriendo al tópico del «clásico vivo», no tiene ningún sentido social ni literario que se le siga negando el Cervantes a Cela, como han denunciado incluso críticos poco afectos al escritor. Lo más claro, fácil, directo y educado, por parte de todos, sería honrar mutuamente premiado y premio con esa concesión. Parece que quizá este año, en seguida, como digo. El «caso Cela», tiene, sí, diversas lecturas. «Que no se lleva bien con el régimen, que no se lleva bien con el jurado (aunque el jurado es una cosa móvil), que no siempre se adapta al canon académico», etc. Escuchamos sobre esto numerosas y contradictorias opiniones, lo que significa que ninguna es válida. Los premios tienen una mecánica muy curiosa e inestable, y uno ni siquiera entiende a los concursantes (mucho menos a los jurados). Pero entiendo que Cela da una lección de civismo presentándose una y otra vez al Cervantes, o permitiendo que le presenten, cuando su carrera literaria ha llegado mucho más lejos, ha dejado eso muy atrás. Cela, me parece a mí (y nunca se lo he preguntado, porque sólo hablamos de señoritas o de clásicos), con su reiterada y cívica concurrencia a un premio muy coherente con su persona y obra, está demostrando la voluntad de integrarse en la tribu de las letras locales. Ama mucho a España y quiere estar entre los suyos, entre los «ancianos de la tribu», porque es hombre que practica mucho y bien la amistad restringida, mucho más confortable para él que los continuos homenajes, traducciones, doctorados y reconocimientos del mundo exterior. Por ahí van las cosas. Es curioso (y no entro ni salgo) este caso de sociología literaria: Cela era mucho más querido, respetado e incluso halagado cuando vivía lejos, isleño, como un gran oso creador y hostil (hostil a la dictadura, sobre todo), que ahora, cuando se ha acercado de nuevo al núcleo de la sociedad española e incluso comenta la actualidad en los periódicos y elige sus amigos entre escritores mucho más jóvenes que él. Pero esto ocurre siempre: la distancia mitifica. El acercamiento desdora. Eso de que no hay gran hombre para su ayuda de cámara. Pero ya apostrofó Eugenio d'Ors: «Eso sólo testimonia en contra de los ayudas de cámara». No sigamos comentando a Cela con mentalidad y locuacidad de ayudas de cámara. Se diría, exagerando las cosas, que Cela ha dejado de ser mito para convertirse en noticia. Claro que esto sólo es anécdota y periodismo. El Cervantes debe estar por encima de esas cosas y resolver de una vez este pleito tonto y obstinado. Le conviene al premio y le corresponde al candidato. Cela, el gran oso gramático, como diríamos parafraseando a Octavio Paz, lleva estas cosas con su viejo y altivo dandismo materno. El conmovido y conmovedor es Cela. El impasible es Trulock.

