Las banderas
Lo que había en Génova, la noche del triunfo PP, eran muchas banderas nacionales, españolas, y esto quiere decir que la derecha sigue considerando que España es suya, y seguramente tienen razón. Vienen teniendo razón desde los reyes godos. ¿Con qué derecho usa un partido (uno más, aunque esta vez ganador) la bandera de todos como propia? Quiere decirse que se sienten españoles en exclusiva, y esta afirmación quedó roborada cuando Aznar, a media noche, les pidió confraternidad con el adversario político: un oscuro gañido general y negativo fue la respuesta. De modo que las masas, las ingencias de la derecha son exclusivistas, quieren España para ellos solos y todos los demás les parecemos así como marroquíes, y el marroquí en concreto les parece perfectamente prescindible, liquidable. Ya lo dijo Alvarez del Manzano, que por qué no se volvían los inmigrantes a su país. Los rojos somos un poco inmigrantes, intrusos en esta tierra románica y adusta de santos crueles y reinas pecatrices. Alvarez del Manzano es la reina de los mares. Olas de la mar le llevan. El gentío aplaudía a Aznar y saludaba Alvarez engatillando el pulgar con ese okey gestual y gilipollas de los yanquis, que siempre sugiere una pistola. Ruiz-Gallardón, ese alabardero intelectual de la ley, en vano imponía adonismo en el tenderete de los líderes y sus santas. Don Alfonso XIII se fue por haber perdido unas municipales como éstas en las grandes capitales, aunque las ganara en las extensiones desertizadas de España. Felipe González se encuentra como el rey Alfonso: ganador en el agrio agro y perdedor en el asfalto con chirimbolos. Pero Alfonso XIII cometió un error yéndose antes de tiempo y Felipe lo comete por no irse. En dos años (hasta las generales) pueden seguir saliendo filesas y javirrosas, pues bueno es Pedro. A no ser que Felipón se vuelva rojo, nos brinde un bienio socialista y vuelva a ganarse a los rojatas y su gentío. Crudo lo tiene. Y un genio, un Trotski tampoco hay en Ferraz para sustituirle. Lo cual que las banderas y las derechas. Las derechas, en el PP, son al menos tres, a saber: el centro/derecha de Aznar y Gallardón, que es la nueva derecha ilustrada, atlantista, internacionalista, lista, cuyo advenimiento anuncié hace unas semanas en Lhardy. Van del citado Gallardón a Jiménez Losantos. Luego está la derecha castiza, la derecha fácil de los sotosacristanes ideológicos, los archiarzobispales, las procesiones, el Rocío, la Blanca Paloma, el feudocapitalismo y los escritores malos. Y finalmente está la derecha esquinera, falangistilla, bulliciosa, que todavía vende fetiches y banderitas por Goya. Son los que andan en el auto de papá provocando al personal, como cuando entonces, y los que más daño pueden hacerle al PP, a la imagen del partido, a Aznar y su proyecto. Me consta que R-G los detesta y teme. Van de la veteranía ciclista de Fernando Suárez al último niño pijo del barrio de Salamanca. Democristianos y Opus son entreverados y anfibios de europeísmo y primeros viernes, ahí está Rupérez guardando las formas. Parecen presentables. Pero ¿y la extrema derecha, que nunca duerme? Lo dice el dicho: «Cría cuervos y tendrás más». Aznar les ha dejado hacer el nido del cuco en Génova y le van a joder el invento a base de motos sin pagar, cabras y copas, más alguna hostia perdida. Todos tienen un Armani de cuero y una bandera española para clavárnosla en los huevos. Como si España no fuera un invento del maquiavelismo astuto de don Fernando de Aragón, sino de Giménez Caballero, aquel discípulo frustrado y malo de Ramón. Por ahí puede empezar a pudrirse el PP y la victoria. Son los franquistas nacidos después de Franco. Los franquistas de oído, que son los peores.

