Subvenciones
Obtener una subvención estatal de doña Matilde no es tan difícil como dicen, ni tampoco un asunto de estraperlo socialista o de tener tarjeta visa oro del PSOE. Lo difícil, para mí, puesto a pedir algo, con el derecho que me dan los impuestos que pago, es decidir qué es lo que quiero.
Y voy con el catálogo de las últimas subvenciones otorgadas por Asuntos Sociales, que lo trae el ABC: viaje a Siria para estudiar la genética de la lenteja (no es una inocentada tardía, como avisa el propio matutino). De la genética de la lenteja yo recuerdo que en Auxilio Social, cuando entonces, nos daban lentejas con inquilino, o sea con bicho, o sea podridas, pero muy sabrosas, nutricias y ricas, que aquellas marquesonas de aquel Rastrillo de los 40 tenían muy buenas manos para la cocina, cuando se ponían. Eran las lentejas que hubiera hecho la Perfecta Casada de Fray Luis, pero con bicho. O sea que algo puedo aportar, señor Leguina (estamos tratando de subvenciones de la Comunidad) a la genética de la lenteja.
Subvención para estudiar la alimentación de las cabras. Ya ha hecho sobre esto un gran artículo el maestro Campmany, de modo que yo estudiaría sus derivados, cabritos, cabrones, cabroncetes y cabronazos, pero algunos ministros iban a sentirse aludidos, y tampoco es eso. Veo que se subvenciona una Asociación Transexual Española, pero yo soy muy hombre, he llegado virgen a la gloria literaria y no voy a estropearlo ahora por una boda de conveniencia con algún rico sensible de provincias.
En cuanto al Grupo de Mujeres Liberadas Sexuales, tampoco entro, por razones obvias, salvo como beneficiario reconocidísimo y agradecido a las mujeres en general, y a las liberadas mayormente (estrechas sólo quedan Celita Villalobos, mi amor, y alguna otra pepefraguista). Maestro Lázaro Carreter dice «estrictas», que significa lo mismo y molesta menos. «Tía, tú lo que eres es una estricta de mierda».
Con tal de agarrar una subvención, que con la calderilla de esta columna no me llega, también podría hacerme Amigo Hispano/Iraquí, pero eso ya lo soy gratis y sin trapajos por la cabeza. En cuanto al Colectivo Gay, ya está dicho que no me mola pepsicola. Así las cosas, me quedan los Amigos de los Antiguos Guerrilleros, pero amigo de un guerrillero, lo que se dice amigo, yo sólo fuí del Ché, y ése ya no vende. La Asociación de Mujeres Viva la Pepa me suena que se dedican a organizar cotillones ahora por Reyes, recitales de Amado Nervo y mucha «Leyenda del beso», todo en plan Soutullo y Vert. Sería como volver al mundo de mis tías. La Asociación PaEllas va de meretrices, claro, y para puta yo, que me encargan un artículo sobre Gorbachov y lo primero pregunto: «Lo quiere usted a favor o en contra? Es el mismo precio». La Sociedad Sexológica: deben ser ésos que hablan del coño como del bazo, como la doctora aquélla que casó con mi admirado Luis Racionero. Les veo yo poco morbo. Artistas de la Comunidad Europea: demasiado vago, difuso, y que al final siempre se lo dan todo a Martín Chirino. Lo único la Asociación No Te Aguantes, que, según posters, fomenta la jodienda sin enmienda, entre hombre y mujer, pero lo que yo soy es menorero y veo que falta una Asociación Pro/Menoreros Discriminados, que ya se besan dos camioneros en la boca, delante de Leguina, y en cambio te entrullan por flipar con pegamín a una de catorce, para que se deje. ¿Es esto democracia?
Lentejas, cabras, transexuales, salidas, bembones, sarasates, pepas, putarazanas y por ahí: en todo eso dilapida la Comunidad nuestros impuestos. A mí no me duele tributar. Lo que me jode es estar subvencionando con mi trabajo todas esas pijadas. Casi me quedo con Celita Villalobos y las señoras del Ropero, que este año dan calzoncillos largos de felpa y cromos de Franco.

