Los sindicatos
Parece, según este papel, que Felipe González quiso tener una matiné privé (coño, qué parisino me he levantado esta mañana) con Nicolás Redondo y Antonio Gutiérrez, pero éstos no sólo se negaron, sino que lo han contado:
- Las conversaciones tiene que ser públicas.
FG quería una cosa casi secreta: sólo él con Redondo, Gutiérrez y el unicornio. Y es que si no, las cuentas no le salen. La UGT votó socialista y ahora esperaba un pacto de la Gran Izquierda: PSOE, IU, sindicatos. Nicolás, ese Bonaparte del sindicalismo, ha tenido una de sus frases memorables, cruce de agudeza, buen sentido y análisis de urgencia: «No se pueden hacer unas elecciones para parar a la derecha y luego pactar con ella». Aquí se veía la decepción de ese gran político que, sin quererlo, es Redondo. FG está consiguiendo incluso amaestrar a Izquierda Unida, al menos formal o nominalmente, y teniendo a su favor la enfermedad de Anguita. Pero le queda la izquierda/izquierda, la izquierda natural, real, factual, que es el mundo del trabado. En principio fue el mundo del trabajo y luego vinieron los filósofos, los pensadores, los dogmáticos, los socialistas, los comunistas, de Lasalle a Pablo Iglesias, pasando por Marx, a conformar esa gran realidad histórica del proletariado, que amanece en el siglo XIX con conciencia oscura de sí miama. Ahora que se han agotado las teorías, las filosofías, las doctrinas y hasta los partidos, la realidad inicial, elemental, sigue ahí, intocada: no es que en el mundo haya explotación, sino que el mundo vive de los explotados.
Todos vivirnos del trabajo físico, real, del plus de esfuerzo y el plus de beneficio (plusvalía) de millones de hombres a quienes se mantiene eternamente bajo alguna forma de esclavitud o. lo que es peor, a quienes hoy se tiende a eliminar u olvidar porque las máquinas los convierten en decimales humanos sin valor. Esta es la verdad primera y última de las cosas, que la derecha ha querido tapar históricamente con sus Papas o con su hipócrita apelación a Cristo, y que la izquierda ha querido remediar con sistemas y dictaduras más que con hechos concretos. Y así nos encontramos con la caída del socialismo en todo el mundo, y con que la socialdemocracia ha encontrado en España un gestor excepcional políticamente, Felipe González, que se enfrenta a la realidad berroqueña, 'insistente, del trabajo y la explotación, y pretende incluir el caso en su agenda como un dato adverso que su intuición y el tiempo resolverán. De momento, la evidencia social de la discriminación laboral es en España muy cruda, activa y altiva. Incluso las otras discriminaciones, xenofobia, neonazismo, etc., se están utilizando por unos y otros para confundir el diagnóstico marxista del hombre/mercancía, que es el cimiento humano e inhumano del capitalismo. Hasta el feminismo se mezcla con el socialismo, por confusionar las cosas, ingenua o deliberadamente.
Uno sabe de sobra que el socialismo tiene perdida la batalla, pero uno no entra en el juego de las reivindicaciones otras, que son muy justas, claro, pero que están siendo manipuladas para difuminar la reivindicación obrera, única que a mí me importa, como clave que es del conflicto capitalista. No hay nada que hacer, salvo esperar que el capitalismo se destruya en sus propias contradicciones, pronosticadas por Marx y que se están cumpliendo: las ciudades/autopista, destruidas por el imperio del automóvil, porque lo que no se puede es parar la General Motors. En este contexto, y mientras no volvamos al parque jurásico, el proletariado y el sindicalismo están muy fuertes en España. González puede tener otra huelga general cualquier día. Una apoteosis inversa que desautorice su brillante victoria. Lo siento por el unicornio.

