Artículos Francisco Umbral

El unicornio


Me informa Aurora Pavón de que a la llama dominicana de Felipe le ha salido un cuernecito en la frente. Aurora, que es mujer de realidades y buen sentido, como todas, dice que el animal ha resultado un cruce de cabra y llama. Yo, que fui poeta en el Gijón, de pequeño, digo que esa llama es un unicornio. A González le comen en la mano las mayorías y las llamas se le convierten en unicornios. Contra un hombre que tiene el unicornio en casa, por el gusto de ambos (como Juan Ramón a la Poesía), no se puede luchar.

Los analistas andan locos con la cuadratura del círculo político, que «el candidato» va a integrar las burguesías periféricas con los rojos de Izquierda Unida, y hasta puede que se quede con los canarios. Parece imposible, parece milagro, pero el milagro no lo hace FG, sino el unicornio. Sartorius, Castellano y la Almeida van a hacerse solubles en el PSOE, con o sin cartera, mientras la Izquierda Unida genuina seguirá en la unidad coronaria cuidándose el infarto. Cuando un hombre tiene en casa un unicornio, juega a su favor hasta la nicotina. El pesetero Pujol, o su enviado en la Tierra, o sea Roca, va a hacerse soluble en el PSOE, asimismo, que el PSOE ya no es la Casa Común de la Izquierda, sino la casa o coño de la Bernarda. Si FG asimila una cabra/llama y la convierte en unicornio, ¿por qué no va a asimilar el Rh negativo de los vascos, y más cuando es un Rh de derechas? Pero así como FG tiene un unicornio en casa, que le hace los milagros, también tiene un macho cabrío en Ferraz, o sea Guerra, a quien los humoristas suelen dibujar con cuernecitos diabólicos.

Guerra es el antiunicornio. FG tiene entrullados a los peseteros, los pelotaris, los bananeros y los trotskistas (van a hacer la revolución desde dentro: veremos). Pero FG no puede nada contra el antiunicornio de Ferraz, porque ellos dos son un viejo amor, un resentimiento sentimental, un bolero mal bailado, pero inolvidable, de Bonet de San Pedro y Los Siete de Palma, todo ello potenciado por la política, el socialismo rampante y el liberalcapitalismo Hermés. Olvidar a una mujer es fácil, contra lo que le pasaba al cursi de Saint-Exupery, porque mujeres hay muchas, pero olvidar a un amigo profundo es imposible, porque ha sido nuestro alter ego, mayormente en la juventud, y nadie quiere romper el espejo de su juventud. Entonces el recuerdo férreo se transforma en rencor y en homicidio. Lo cual que, con este culebrón entre hombres, lo que hay ahora en Ferraz son dos partidos, el socialismo ortodoxo por un lado y el felipismo ambiguo y mudadizo por otro. Dos partidos que nunca llegarán a cuajar nominalmente, pues Felipe no va a renunciar a la marca PSOE, que es la penúltima juridicidad que le queda en esta vida, pero tendría que enfrentar al macho cabrío con el unicornio, y seguro que ganaba Guerra, porque los unicornios, aparte de mágicos, son un poco maricones. La guerra no es con los adversarios políticos, que están ya unicornizados, sino con el novio político de juventud, que conserva aquellas cartas de amor con membrete de Pablo Iglesias.

Un hombre que no quiere nada es invencible. Y Alfonso Guerra no quiere nada, salvo prolongar aquel idilio socialista de la Sevilla adolescente, ay barrio de Santa Cruz, ay patio de Doña Elvira. Siempre he dicho que Guerra es un socialista nato (cosa que Felipe no), pero ahora el socialismo se le ha recrudecido de resentimiento sentimental y político. Un hombre así, en esa tesitura, puede matar. Hay un atroz y hermoso cuento de Cela, «La naranja es una fruta de invierno», donde un vecino le raja a otro todas las ovejas en una noche. Cualquier día de éstos, Guerra se acerca por la Moncloa y le raja el unicornio a Felipe. Y a propósito de tu recado, Aurora, amor ¿qué hay de lo nuestro?

Comparte este artículo: