'Tío Oscar'
Aquella noche londinense del 14 de febrero de 1895, en el teatro de St. James, un público exquisito asistía al nacimiento de un nuevo Oscar Wilde, esta vez con el nombre de Tío Oscar. La comedia, La importancia de llamarse Ernesto, les descubre a los espectadores un nuevo Wilde. El sobrenombre de Tío Oscar alumbra la personalidad más íntima del autor, la que todo el mundo estaba deseando conocer. Desde entonces a hoy esta obra viene siendo inmortal en todos los escenarios del mundo, o al menos en aquellos que manejan lo gay como lenguaje y el humor como clave. Tantos años más tarde, Sisita Milans del Bosch, una aficionada gran profesional o una profesional gran aficionada, nos trae Ernesto a Madrid, donde no era desconocido, pero sí un poco olvidado por su público, un público que llamaremos interior. Gutiérrez, Serrano, Barrera, Carvajal, Merriman, etcétera, han levantado en el viejo Ateneo de Madrid el tinglado de esta antigua farsa que moderniza cualquier tema por el calado psicológico de Wilde y el habilísimo juego de la prosa. La obra la ha sostenido en Madrid, la semana pasada, este conjunto de no profesionales que le añade una nueva máscara al argumento. El teatro de Wilde vence siempre en cualquier parte con un diálogo muy abundante, pero muy literario, de modo que cada palabra nos viene cargada de intención o de plurales intenciones, hasta el punto de que hay que llevarse el libro a casa, si queremos enterarnos a fondo. El único inconveniente de la representación es que en aquellas casas victorianas se podía reproducir ampliamente el decorado de Tío Oscar, pero en los débiles apartamentos a plazos de nuestro tiempo una metáfora puede derribar la pared maestra y una insinuación un poco fuerte desvanecer a las espectadoras, que siguen siendo sensibles y numerosas, pero no tanto como las de entonces. En cuanto a los actores, nos permitimos destacar la presencia y actuación, e incluso la ausencia de Sisita Milans del Bosch, mujer de envergadura que sin embargo se mueve con mucha vida de ojos y tobillos en esta historia urgente y contada aún con más urgencia. Es de lamentar que este conjunto aficionado no pueda dedicar toda su energía a la representación, pues hay quien daría más juego que los visibles o invisibles profesionales. En cualquier caso, el referente literario de Wilde, como impacto sociológico y como bordadura teatral ahí queda cual memoria, lección y alarde de un conjunto ilustrado que cambia el Bernabéu por el Ateneo y en estos tiempos sin teatro levanta ese delicado y violento éxtasis teatral que Sisita ha improvisado incluyendo hasta algunos cortes excesivos para la extensión correspondiente. Digamos que la sala de actos del Ateneo soportó mucho teatro, mucha sala y muchos actos durante 40 años. Sólo esta mujer joven y fuerte ha podido arriesgarse con uno de los momentos más felices en la historia del teatro occidental. En este momento de tensiones sociales el conjunto que glosamos ha montado con mucha fortuna el concierto equino de Tío Oscar. Si avisan para la próxima llevaremos sombrero de copa como en Ascot.

