Blanca Marsillach
Me la encontré la otra noche en una cena, en una fiesta, y vino a mí tan niña como siempre, con la piel tan nicotinada de sol como siempre. Pero no le he preguntado si sigue bañándose de madrugada en la piscina del Miguel Ángel. En todo caso, ése es el procedimiento dinámico y auténtico de las mujeres activas que empiezan muy temprano a estrenar su nombre. Años atrás, en otra cena, Tessa Baviera, me invitaba a madrugar por el mismo procedimiento. Yo creo que el baño matutino y urgente estuvo de moda. Blanca Marsillach, cuando yo iba por casa de su padre, siempre la pillaba ya madrugada, dispuesta a cabalgarse una yegua en el hipódromo o un productor en Sevilla Films, aunque me parece que ya no había Sevilla Films. - ¿Sigues con el baño espectacular y tempranero? - Y tú debieras hacerlo conmigo, Umbral. Va muy bien para la juventud. - ¿Qué juventud? Lo cual que Blanca no deja de hacer teatro y parece que le va bien. Blanca era un juguete inútil para la vida de su padre, pero a veces ocurre que estos personajes encantadores y ociosos, cuando se quedan solos en la vida empiezan a producir, inventar, a ser ellos, como si se hubieran liberado del estorbo de los padres para conquistar el mundo. Blanca siempre me está invitando a sus comedias y ahora me invita a La Coruña, donde no voy a ir mientras no sepa a qué. - ¿Y tú no escribes teatro, Umbral? - No, bueno, miento, como dicen los horteras para justificarse.Una vez escribí una cosa a seis manos u ocho, para tu padre, que sólo salvó mi pieza de dos manos. A Chumy y otros les devolvió el estudio donde trabajábamos, pero también les devolvió la función.Entre ellos estaba Máximo. Blanca se está muy calladita, como en todas las cenas, luciendo el erotismo párvulo de su cuerpecillo de leona joven y esa cosa de sus ojos. En todo caso, está más crecidita. - Blanca, estás más crecidita. - Pareces un viejo verde del Miguel Ángel. - Es que soy un viejo verde. - Vete a la mierda. Todos creíamos en ella cuando su orfandad, pero ha resultado, como ya dije antes, la más marchosa y emprendedora de la familia, aparte de que se busca a los hombres (bueno, a los productores, que no son exactamente hombres) y no hay uno que se resista al baño tempranero. Yo me resistí una vez y todavía estoy convaleciendo.Blanca prepara otra función para cuando termine en La Coruña.Blanca es de esa generación metrosexualísima que mide la vida con una litrona o una cocacola. Ignora las bebidas intermedias y los amores intermedios. Conmigo es muy cariñosa. No olvidaré nunca la noche en que, en otro sitio nos daban otra cena y Adolfo me explicó toda la noche que él tenía cáncer y se moría, pero lo que le apetecía era vivir, ligar y salir con su hija, en la que creía mucho. Me estaba haciendo sus últimas confesiones y luego se lo llevaron a casa en un taxi. Es quizá el amigo más profundo que he tenido en el teatro.

