Artículos Francisco Umbral

La guerra fea


Todas las guerras son feas, pero ésta más por que se está librando entre un Hitler con boina y un abogado por debajo de toda sospecha. Como ha dicho rnaestro Aranguren, entre un loco y un delincuente moral.

Así las cosas, parece que al ejército ruso le gustaría luchar al servicio de Sadam, pegándole una puerta a Gorbachov, con lo que ya tendríamos, al fin, la guerra de los dos grandes bloques, tantos años prometida y en unos cuantos meses, los del 90, desvanecida. La utilización de los prisioneros de guerra como «escudos . humanos» otorga a Sadam la gloria de haber devuelto el viejo arte de la guerra al estadio tribal de los tristes trópicos. Ahora que terminaba la Historia, según Fukuyama, resulta que empieza otra vez, y por el principio. Por su parte, la CIA se moviliza para una gran operación de «guerra psicológica». Emisoras de la agencia intentarán desmoralizar a los iraquíes diciéndoles que, además de ser muy feos y un poco bajitos, son los que van perdiendo. Pero esta técnica psicológica de la mentira desmoralizadora ya la inventó Queipo de Llano en nuestra guerra civil, y la secundó Millán Astray con mejor voluntad que sintaxis. Cuántas cosas ha inventado España en esto de la guerra, mientras a González y Serra sólo se les ocurre renovar de vez en cuando las corbetas, para que vean que tenemos más. La guerra fea ha desatado la psicosis de desabastecimiento y el gentío, aquí en Madrid, ya está acaparando.

Cuando la nueva sociedad democrática principiaba a disfrutar del socialcapitalismo thatcheriano/felipista, he aquí que nos corresponde «seguir de pobres», como dijera el poeta. Y no sólo en España. En Gran Bretaña, y en nombre de la guerra, se inicia la censura de discos y películas. A los insumisos de Albacete se les mantiene una alta petición fiscal, sin duda por el prestigio que toda guerra, aunque sea tan fea como ésta, da a la causa militar.No sé si vamos hacia la guerra más cruel de la Historia, pero ya estamos, desde luego, en la guerra más fea, vil, sucia, degradante y delincuente de las que se recuerdan. Si Aranguren define como impresentables a Bush y Sadam, los concelebrantes de la guerra -Miterrand, Major, González Kohl, etc.están haciendo una guerra cobarde, obediente, remolona, sin convicción, una guerra de prestigio que nos desprestigia a todos.

A Carmen Díez de Rivera le preocupan mucho las secuelas contaminantes de este conflicto bélico. A nosotros nos preocupa tanto o más la contaminación moral, la vergüenza planetaria, la avilantez de la especie, que emerge ya como el hongo atómico y se expande y dibuja en el cielo color mierda del futuro inmediato. Escudos humanos contra guerra psicológica de mentiras y degradación verbal del adversario. Sangre contra petróleo. La bomba de moscas contra la bomba de mentiras. No hace mucho escribimos aquí que ésta era la «guerra muda», sin eslóganes ni banderas, crudamente monetarista. La CIA va a hacer que sea la guerra locuaz, llenando de bulos, calumnias, amenazas y contaminación verbal los cielos del 91.

0 quizá sea que todas las guerras han sido siempre moralente misérrimas, sólo prestigiadas por los grandes confaloneros de las ideas, religiones, patrias, razas, dioses y cosas. Hoy, caída toda la ferralla moral de los valores, ésta es la primera guerra donde se manifiesta con todo su esplendor negro la condición menesterosa, voraz y beligerante de la especie.

Antes se hacía una batalla como quien hace un tapiz. Se estaba bordando la Historia. Ahora ya no tenemos con qué hermosear nuestras guerras y esto supone volver más atrás de los primitivos, que al menos se tatuaban el rostro y el pecho: eran sus ideologías. Ahora sí que somos el hombre sin atributos.

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