La nueva izquierda
La II Asamblea de Izquierda Unida, con un PCE que parece dispuesto a hacerse soluble en el entorno o melé de partidos que él mismo creó, más la asistencia de Nicolás Redondo, pudieran dar lugar a una nueva vieja izquierdaa española, tan necesaria para la ecología política del país.
Dijo Mussolini, plagiando siempre a Lenin, para mal, que «el que tiene el hierro tiene el pan». IU no tiene el pan, porque el PSOE no le deja ni un mendrugo, pero pudiera tener el hierro de un contrafuerte sindical extenso y poderoso, con lo que esta izquierda ideológico/sindicalista podría, sin duda, corregir, denunciar y mejorar algunas cosas ahora que estamos ya metidos de lleno en la pomada del dinero salvaje y la socialdemocracia monetarista. En principio, como decimos, este conectivo se hace cada día más necesario ante la hegemonía socialista como ante la orgía grancapitalista que puede traer nos unas navidades con muchas lucecitas y mucho rosco, pero después qué. Es inevitable que el poder de izquierdas, o sea el que tenemos, genera a su vez una izquierda residual o emergente, un lumpem, una marginalidad crítica, como es inevitable que un poder democrático de derechas genere un fascismo. Inevitable y saludable, diríamos.
Hoy parece que son indeseables los extremismos deunouotrosigno, pero de su ala extrema aprende el poder dónde están sus límites, y, como dijera el filósofo, «mis límites son mi riqueza».
El pragmatismo socialcapitalista de Felipe González no se corrige tanto con las homilías de izquierdas de Julio Anguita como con otro pragmatismo, el de Nicolás Redondo y todo el poder sindical, que trae consigo el poder obrero.
Frente al inmediatismo político del Gobierno, el inmediatismo económico de los sindicatos. Y no es mala cosa que este inmediatismo económico y sindical venga asistido de alguna ilustración teórica o meramente intelectual: aquí de las puntuales, implacables y puntillosas (hasta puntillistas) encíclicas de Anguita.
Del otro lado, a las acciones de Gobierno crudamente ocasionalistas les pone contrapeso, doctrina y hasta olvido el intelectualismo de Alfonso Guerra y los presocráticos de Jávea.
Izquierda Unida, con el PCE dentro, está en el conato de ser ya sólo una izquierda que se amonesta a sí misma y una Etica a Nicómaco que cada día queda más distante de la realidad y la praxis de lo que se critica. Puesto que el primer ministro, ya digo, está llevando la realidad y la política española al límite de un actualismo urgente y provechoso, la izquierda/izquierda debe hacer otro tanto, y sólo cuenta para ello con el potencial de realidad y actualidad que suponen los dos grandes sindicatos. Aparte estas consideraciones prácticas y batallonas, diríamos que, efectivamente, en la circunstancia de un partido hegemónico, la democracia necesita respirar por los aliviadores de otras opciones, a izquierda y derecha. El socialismo que nos gobierna no acaba de
hacerlo bien, pero, por bien que lo hiciese, necesita un socialismo real a su izquierda como referente.
Cuando la gran derecha del PP duda entre el pacto y el mimetismo del PSOE, entre la denuncia y el miedo a ser denunciados, la verdad no desnuda, sino vestida de datos y conceptos, de precios y salarios, sólo puede decírsela a Felipe González la izquierda que resta a su izquierda, la franciscana Izquierda Unida o la formidable y espantosa máquina sindical. Mejor las dos fuerzas juntas.
Una cosa es que en Moscú no les salga la cuenta de la plaza y otra que nosotros, aquí, renunciemos a un pensamiento y una acción de izquierdas. Olvidándonos por el momento de La Moncloa como utopía, o a la inversa, cosa que tanto seduce a Anguita, esperamos más y mejor de esta II Asamblea.

