[ACTUALIDAD]
Entrega del Premio Libro 2018. El martes 19 de marzo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2018 a Antonio Soler, por su libro Sur. El premio dotado con 12.000 € por el Ayuntamiento de Majadahonda y una escultura de Alberto Corazón, en esta edición ha sido también patrocinado por Caser ...
[RECIENTES]
El 20 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca Municipal de Majadahonda un encuentro con el escritor Antonio Soler, ganador ...
La Dimensión de Francisco Umbral como escritor español y como autor europeo, vuelve a ser reconocida fuera de nuestras ...
La Fundación Francisco Umbral dio a conocer el 30 de enero en la sede la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio ...
EL ARTÍCULO [del día] 04-04-1991, EL MUNDO
El irracionalismo
Parece que las colas en los consultorios de los «videntes» dejan cortas las de la Seguridad Social. Esto no dice nada en contra de la Seguridad Social, sino en contra de la videncia de quienes acuden a los videntes. Entre un médico del Seguro con prisas y una aldeana vasca con poderes, yo siempre preferiré el médico, entre otras cosas porque el médico incluye a la aldeana. Como incluye al mago y la bruja. Las multitudes del fin de siglo, que un día fueron supersticiosas de la razón de Marx, Russell, Ortega o Einstein, hoy vuelven, desencantadas, a ser supersticiosas de la superstición. Y es que la razón ha degenerado en racionalización, la ciencia en técnica y la técnica en tecnología. El caso no es sólo español, claro. En la tópicamente cartesiana Francia, las brujas de pago nunca han perdido vigencia. Y la novísima generación mundial, los pequeñitos de la hamburguer fecal y la máquina de marcianos, ven más reales a los criptonitas que a sus padres o sus profesores. Es lo que Baudrillard llamaría «la trasparencia del Mal». Quiere decirse, en fin, que racionalidad o irracionalidad corren por la Historia, como dos fluidos paralelos del hombre, que muchas veces se confunden y mezclan entre sí. Hay siglos, como el XVIII y el XX, en que parece primar la razón. Pero es en el XVIII cuando se formula este enigma: «Nadie sabe todo lo que puede caber en un minué». Bajo las impecables pelucas de los Luises hervían piojos. Poco antes, Descartes, tras redactar su «Discurso del método», se dedica a la devoción mariana. Aquí y ahora, tras cuarenta años de irracionalismo franquista y brazo de Santa Teresa, el socialismo, que suponía la salud de la razón y de la Historia, ha corrompido su razón histórica entregándose al irracionalismo del dinero y la filosofía del éxito, que es una filosofía de manigua. Así es cómo el personal de los diez millones de votos, decepcionado y abandonado, como el toro burlado, como el toro, se refugia nuevamente en el irracionalismo de las curanderas, los milagreros, videntes, echadoras, gente con poderes, parapsicólogos y otras suertes. Así es como la Razón mayúscula, y no sólo el PSOE, pierde otra vez la partida, en el atrio del 2000, y las multitudes se le van tras los falsos profetas del milenio. En el Este fracasa la perestroika racionalista y entonan de nuevo los coros y danzas de los nacionalismos. Hitler y Franco no son gratuitos: se limitan a favorecer el tirón telúrico, elemental y ágrafo de la gente. Aquí lo escandaloso es que un partido racionalista, heredero de Marx y la Revolución Francesa, como el PSOE, no se haya entregado a la educación urgente de unas masas propicias. Muy al contrario, se nos está predicando desde arriba el Acontecimiento, la Expo, el 92, Sevilla/Madrid, los Juegos Olímpicos. El Acontecimiento es siempre litúrgico, mágico, una manera irracional de conjurar el futuro, un futuro que no controlamos. Incluso las efemérides políticas, Besteiro, reciben un trato mágico, propicio, oportuno, manipulado: hermosean a Guerra o nos remiten a la utopía socialista. Más que la crítica municipal (que es la que se hace todos los días) de una ideología grandiosa, racional, romántica y lúcida, como es la socialista, uno quisiera hacer la crítica histórica, digamos, de lo que hay. ¿Por qué el PSOE ha malversado cien años de honradez y otros tantos de racionalidad a cambio de unos estancos, unas loterías, unas concesiones de obras o una cena con Reagan? Felipe González, gran estadista que hubiera brillado igual en la II República, se ha dejado deslumbrar por el Wall Street de la calle Alcalá, las portadas del Time, la gloria en traducción simultánea y los aplausos corteses de Estrasburgo. Así es cómo la gente, ahora, se le escapa del Seguro y se le van a la bruja.


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