[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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Con motivo de la exposición “Francisco Umbral, libro a libro” que se está celebrando en la UAM, en la Sala de ...
EL ARTÍCULO [del día] 18-04-1993, EL MUNDO
Corazón
Ya de niños empezó nuestra educación sentimental con el escolar «Corazón», de Edmundo D'Amicis, libro que a mí me convirtió para siempre en un pequeño escribiente florentino. Ahora, el PP, en la precampaña de la precampaña, dice a sus candidatos que 4 han de dirigirse al corazón más que a la Cabeza del electorado. Pura demagogia cardíaca. También aconseja el PP a su gente ensayar en casa, con vídeos domésticos, de modo que les saldrá una campaña familiar y corazonal, que en el fondo es lo que quieren y les gusta, pues la derecha, en política, siempre ha sido peligrosamente emocional y nada intelectual. (Aunque, por el otro lado, en la izquierda, andan críticos fundamentalistas, «los chicos del contexto», como me decía el memorable Ignacio Aldecoa, que siempre le encuentran a uno poco dogmático y metodológico, o sea que no le conocen a uno). El manual PP del perfecto candidato aconseja sentarse correctamente, usar tonos discretos, mover poco las manos y en este plan. Otra vez el tirón escolar: «Buen porte y buenos modales abren puertas principales». Ahora quieren que les abran las puertas de La Moncloa. Pero los grandes políticos, de Castelar a Churchill, han sido espectaculares. «Las personas decentes me asustan», como escribiera una vez Emilio Romero. Aparte de que los buenos modales de la derecha no son sino el preludio de la abolición de todos los modales, o sea lo que viene después, y que «Cándido» ha explicado mejor que yo en este papel. Dice «Cándido» que no teme a Aznar, sino a lo que emerge detrás de Aznar, como el cuartelazo dialéctico de Defensa, hace unos días, y sobre el que he ironizado en esta columna. Pero no hagamos futuribles cataclismáticos antes de tiempo. Uno prefiere quedarse, de momento, en ese manual del buen candidato/PP, que parece hecho por mi admirado Alfonso Ussía con cierta coña y fino humor. Lo grave es que ellos van en serio. Creo que con ese manual no se ganan las elecciones, y se lo advierto a tiempo a esos chicos. A mí, estas instrucciones me han recordado lo que el otro día dijo Leguina: «Aznar está rodeado por el Opus Dei». No sé si es verdad, pero a ese candidato ideal de las instrucciones sólo le falta hacer alguna cita de «Camino» en las entrevistas. El PP parece que quiere convertirse en una factoríade políticos marengo y mediocres, de chicos anodinos, de chicos sanos tipo Alfonso Arús, que parece el sobrino ideal de todas las tías solteronas, un muchacho de los Luises, un congregante, un engendro de Acción Católica, un gamberrito educado y simpático de los años cincuenta. Un imbécil. El manual que hoy nos ocupa es el manual del perfecto perdedor y, de acuerdo con él, los candidatos del PP pasarán por la tele como sombras mudas, como particulares que no dejan huella, como concursantes tímidos de no se sabe qué concurso, como derrotados previos en todos los concursos. La verdad es que estamos necesitados de alternancia democrática, como en Francia, y más después de Aída Alvarez, pero la alternancia no se consigue apareciendo en la pequeña pantalla en plan visita de cumplido. Sólo le falta al PP aconsejar a su gente que lleve un paquetito de dulces a la entrevistadora. Pero el dulce envenenado de todo el mensaje está en esa consigna de dirigirse al corazón antes que a la cabeza. O sea, un proyecto irracionalista, sentimental, característico de la vieja derecha, un planteamiento familiar, que era el de Franco, porque los planteamientos de la izquierda son siempre generales, sociales, comunales. Este mensaje, esta flecha dulce y directa al corazón, prueba que el PP tampoco cree mucho en la racionalidad de las urnas. Al manual sólo le falta una cosa, para terminar: aquella vieja alarma de Giménez Caballero, fundador del fascismo español: «Y vendrán los rojos y violarán a nuestras hermanas».


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