Entrega del Premio de Columnismo Francisco Umbral para Jóvenes escritores. Valladolid 2017

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EL ARTÍCULO [del día] 04-10-1996, EL MUNDO
Que se pongan el Armani
Nuestros políticos siguen en unas largas vacaciones de ciudadanos particulares. El Gobierno no gobierna porque Pujol no le deja y el PSOE no hace oposición porque el Gobierno no gobierna y no hay nada a qué oponerse. De modo que llevan todo septiembre sin la cota de malla política, de ciudadanos de entretiempo. Eran unos políticos regulares, pero como ciudadanos resultan desastrosos, eso que se dice ahora, «impresentables». Felipe González, desde su dandismo de vencido, le tira viajes navajeros y jarrapellejos al PP, como acusándolo de no entregar los papeles que él no quiere que entreguen. Los ministros, en plan Cascos, insultan al vencido, le llaman bodeguillero y terrorista. Nadie saca un papel ni aporta un dato, o sea que van en plan civil, ya digo, y son menos cívicos que cualquiera de nosotros. Dialogan a gritos, se insultan a patadas y llenan los periódicos y las radios de una dialéctica guerracivilista y montonera. Sin el peso de la púrpura (que no sé cuánto pesa) ni la dignidad prestada del cargo, son todos unos horteras que no hablan como intelectuales (el político es un intelectual con pistola), sino como presidentes futboleros de un club de tercera regional. No tienen clase, o sea, son vulgares como vecinos y viven en la cultura de la cutreidad. Se llaman «fascista» y «asesino» unos a otros, no por insultar, sino porque no tienen nada que decirse. Desde el verano les estamos viendo como particulares y nos da vergüenza por el país. Con el carisma como un flash, la cartera ministerial y la jerga política parecían verdaderos hombres de Estado. Pero así de trapillo, guardado el Armani para mejor ocasión, manejan un castellano paupérrimo y chuleta, dicen obviedades, usan palillo ideológico y escupen por una esquina de la boca. Si no son buenos ciudadanos cómo van a ser buenos gobernantes. Si llenan de basura la «polis» cómo van a ser políticos. No se enteran del espectáculo que están dando. Así tal cual, sin Prensa adicta ni el fusilamiento glorioso de los fotógrafos, están entre la obviedad y el juicio de faltas, parecen charlatanes de rifa o vendedores de coches usados sin coche que vender. La mediocridad de esta gente resulta desoladora para España. Que se pongan en seguida el marengo de gobernar, la mueca política y el after/shave castelarino de declamar en el Congreso. También los actores, cuando ya no son Hamlet ni Ofelia, bajando por la salida de artistas a cenar a un tabernón un bocata calamares, me desolaban de vulgaridad cuando yo iba a hacerles entrevistas. Que Felipe se vista de Felipe González hamletiano. Que Aznar se atuse y se ponga fijativos en el pelo, con carita de primero de la clase. Así en playeras y moda informal pierden votos cada vez que hablan. Es urgente que vuelva la vida política, no por los papeles ni por los Presupuestos, sino porque estos grandes hombres van ahora en camiseta dialéctica y resulta que son como nosotros, pero con menos sueldo (lo suyo son las dietas). Que les den las dietas y jueguen otra vez a Cánovas y Sagasta, que es una función que se saben. Que empiece la Restauración, la Santa Transición o Fuenteovejuna. En este largo entreacto se les ve en zapatillas de orillo y no hablan en verso ni nada, como en la función. Aznar y Felipe, Cascos y Almunia no son malos ni buenos. Son vulgares. Que se pongan el Armani.


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