[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 28-05-1995, EL MUNDO
LOS PLACERES Y LOS DIAS
Pasan demasiadas cosas en España al mismo tiempo. Estamos en elecciones y estamos en guerra. Se nos acumula la Historia. Hay un español que no va a poder votar. Es el capitán José Antonio Romero, prisionero en Bosnia y presunto fusilado. Ese es el único voto que hoy me importa a mí. La apoteosis o deflagración de Felipe González se consuma, como en las películas de la Metro, con una acumulación de efectos: elecciones, crisis presidencial, una guerra con presos españoles, corrupción entre unos cuantos oficiales, levantamiento de los nacionalismos, pertinaz sequía y subida de la gasolina. Yo creo que esto de la gasolina es lo único que de verdad importa a los nacionales. La consecuencia de todo ello es que ya hay un militar español como rehén de una guerra absurda y que González debiera considerar «distinta y distante». No me interesa ya lo que pase en las urnas, no vale nada la victoria de unos u otros, todos son iguales. No quiero saber de sondeos, resultados, escrutinios ni banderas victoriosas. Me importa sólo ese rehén, ese capitán cautivo y lejano, incógnito, por intereses de Estado, como un capitán de los Tercios de Flandes. Siempre un soldado español, valiente e inmotivado, edificado en plaza enemiga, Cervantes o el de Austria, dando la vida, y a veces la muerte, por una España que no paga, por una causa que no sabe. Qué gloria para los soldados y qué asco para los políticos, que firman tratados otánicos o versallescos con la dulce intención de no cumplirlos. ¿Cómo se puede entrar en elecciones, y pretender ganarlas, cuando se tiene un compatriota, un capitán joven y lontano, en poder de un enemigo salvaje que ni siquiera es tal enemigo? FG firmó un stock indefinido de militares nacionales por estar él en el mundo, entre los grandes, y como no tenía nada que vender, vendió vidas humanas, el legendario valor español. No es hoy día de hacer campaña, sino de decir que todos debiéramos abstenernos, aplazar nuestro voto, suspender nuestra palabra hasta que el capitán Romero vuelva sano y salvo. Los insumisos claman, los objetores se encadenan, las mocedades van de cacerolada moral contra un Estado que nos lleva a guerras de intereses, absurdas y lejanas. Aquí no se decide nada hoy domingo. La honra de España se decide en Bosnia con la sangre macho de ese capitán cogido. Nuestros ministros y otros solanas dicen que está por ver, que rectificarán, que se van a tomar medidas. García Vargas se cabrea en todas direcciones. «Por lo menos, los podían haber sacado de allí antes de atacar», como ha advertido muy sensatamente la familia del capitán. Pero es que ya hasta la guerra la hacemos mal. Nadie pensó desde Madrid en este capitán, y otros, cuando mandó bombardear Bosnia. Felipe es un mandado. Aquí en España hoy no se juega nada, salvo el engorde de los octanos. El Gobierno ha trasladado el escenario a Bosnia, y la derecha nunca se opone a estas cosas, porque la derecha es nieta de capitán general por parte de abuela gobernadora en Filipinas, que todos seguimos fumando de aquello, un tabaco patriótico y colonial que no daba cáncer como el bisontefield, que es hispanonorteamericano como la OTAN. ¿Y qué les importa a los acumulados ejércitos de las grandes potencias (Felipe quería estar entre ellas) un soldado español que iba de nada? Pueden bombardear y José Antonio Romero puede morir. ¿Quién habrá ganado entonces las elecciones, cuando la izquierda es tan militarista como la derecha? Todos hemos enviado a Bosnia a ese inocente. Simplemente, un observador. Sea quien sea, el ganador de las elecciones será el asesino.


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