[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 21-01-1999, EL MUNDO
El cesarismo
No es correcto decir que no ha cambiado nada. El mismo hombre, en otro puesto, es ya otro hombre, da mejor o peor juego. Lo que busca Aznar es afianzar su cesarismo incipiente, tener una falange de fieles, a los que de todos modos él no va a ser fiel, y encastrar su autoridad hasta más allá de los milenios. De pronto ha descubierto que él vale y por eso no quiere descubrir gente que valga demasiado. Lo que ellos llaman el centrismo es la UCD, maniobra ulisaica de Adolfo Suárez, ardid del hombre que se parecía a Orestes. Más Suárez y menos Fraga es lo que necesita Aznar para su partido, de modo que la ausencia del gallego ha sido clamorosa en esta crisis, una estruendosa lejanía. Aznar quiere una UCD con mejor mampostería, pero él no tiene la gracia homérica del inventor de la cosa, de modo que siempre vuelve a la vieja derechona, en el discurso, y al cambio de uniforme en los ministros, pero la España alegre y faldicorta le asoma por todas partes, que los banqueros no son castañeras y los euros no son cartillas de racionamiento. El destino de la UCD, siempre, es el de la nave Argos, viajar perdiendo piezas, como ahora hemos perdido a Cascos y Gutiérrez. Y que no digan los analistas que no se ha sacrificado a nadie. Pero Aznar no es Adolfo, lo tiene todo y le falta todo. Tiene hasta la juventud, pero él no es joven. No encandila a los jóvenes, no arrastra. Las yogurinas dicen que si empalma. Hay juventud en el Gabinete, la suficiente como para que él sea el más viejo, revistiendo así su autoridad de años y su silencio de sabiduría, como se les suponía a los seniles de la tribu, de donde viene Senado. Esto lo ha visto bien Raúl Heras. Son pequeños o grandes matices que van dándole espesor a este proyecto aznarista de empozarse en su mandato todo lo que la ley dure, aprovechando que la izquierda histórica anda perdida en la noche, guiándose por una candelilla que ella misma lleva en la mano, como el héroe gideano, que en este caso sería Borrell, a quien las luces se las apagan todas en el partido. Borrell/Natanael no tiene más luz en el horizonte que la que él mismo porta, pues que las falanges aznaristas cierran prietas las filas y la España de Embassy va a volver a ser lo que fue a la sombra de los grandes bancos y las siglas herméticas como un aglomerado de cajas fuertes: BSCH. En los 40 años ha fijado Aznar íntimamente la edad media -Edad Media- de sus chicos. Pero un partido sin otros pilares que la juventud del viento es una cosa que se pasa, y, por contraste, cada día hace más viejo a Felipe González, el silencioso perdedor de todas las movidas. Aznar quiere un Gobierno de gestión, mientras aquí pensamos en un Gobierno de ideología. Por eso no entendemos nada. El Gobierno de gestión ya lo tiene, y las mujeres anabolenas en una torre sin ventanas. La derecha va ligera sin el albardón de los programas y las doctrinas. Nos van a gestionar el hambre. El premier sale reforzado de su propia crisis, como todo adolescente se refuerza y consolida en las convalecencias, pega el estirón. Donde plantes un Banco seguro que crece, hallarás mañana un rascacielos. Aznar ha inventado nada menos que la derecha española, que ya estaba ahí.


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