[ACTUALIDAD]
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Como colofón a la exposición “Francisco Umbral, libro a libro” que se está celebrando en la UAM, en la Sala de ...
Con motivo de la exposición “Francisco Umbral, libro a libro” que se está celebrando en la UAM, en la Sala de ...
EL ARTÍCULO [del día] 06-04-1990, EL MUNDO
LOS PLACERES Y LOS DÍAS El baile de los ardientes
A las nueve de la mañana, Felipe González nos convoca para plantear entre todos una España como unidad de destino en lo universal europeo. No hace un discurso, sino «el discurso», ese discurso/comodín que tiene para estos casos, como los conferenciantes tenemos una conferencia, «la conferencia». Discurso brillante, evanescente, macroeconómico y macroeuropeo, con vistas al «reto del 92». ¿Y por qué ahora precisamente un debate de confianza? La confianza no la necesita para el 93, sino para hoy mismo. Se trata de recuperar la confianza/autoridad deteriorada a lo largo del caso Guerra. Un debate/trampa, pues. Sin embargo, casi todos entraron al percal. El primer ministro se asegundó en cosas que ya ha dicho muchas veces, en promesas que no siempre ha cumplido. Aznar, el Cara de Plata de la oposición, no le hace la pregunta crucial: ¿y cómo nos pide usted la confianza cuando hace dos meses el señor Guerra sembró la desconfianza en este teatro con sus confusiones y amenazas? Aznar, que ya es presidente en las vallas, quizá no pase de las vallas, porque ha perdido, inexplicablemente, su segunda gran oportunidad de hacer oposición dura. Lo innombrable sólo lo nombró con una lacónica petición de dimisión/cese para Alfonso Guerra. Parecía más un discurso de Jefe de la Oposición, a la manera de Fraga, con coche y sueldo oficial, que la guerra de un vallisoletano bravío y legitimista contra la farsa del madrileñismo. Todos los problemas tratados eran interesantes, pero no estaban sobre la mesa como tales problemas sino como laberinto para enlaberintarnos a todos. Y Aznar se dejó enlaberintar, él sabrá por qué. El señor Roca, con sintaxis francesa, explica larga y brillantemente una abstención que es abstención adherente, a mi ver. (Como luego diría otro orador, «estas abstenciones equivalen a un sí»). Suárez está tan restringido en sí mismo que incluso se limpia las gafas con la corbata. A su vez, razona una abstención adherente con menos brillantez que Roca, pero con mejor castellano, claro. Julio Anguita es el primero que trae el caballo al debate, pues esto es un debate con caballo al fondo. El caballo de batalla del affaire y el caballo de Pincho, que ya son un mismo caballo, la pura cabal! dad. Está muy bien denunciado el tráfico de armas, tan conocido, y el tráfico de armas químicas, que no conocíamos, o sea la bomba del pobre, que ahora se ha sacado Hussein. Anguita, en su clericato de partido, no resiste el tirón del latín -totum revolutum- o el cogerse mucho las manos. Luego se explaya en la utopía comunista y pierde la atención de los tendidos (quizá hay consigna de hacer gran tertulia cuando habla un rojo), ante la indiferencia de Pons, que sólo reprende al respetable cuando Anguita está acabando. El peneuvista da un rodeo por los países del Este, la perestroika y Lituania para atracar en el voto adherente. 0 sea que han empezado los coros y danzas de los nacionalismos. Si el País Vasco tiene sentido berroqueño de la nación ¿cómo no son capaces de compactarse en un solo partido? El valenciano de la naranja (que esta vez le trae a Felipe un cuaderno escolar), el aragonés, el canario Mardones, tan lleno de mala conciencia que dedica toda su intervención a justificar aquel voto espurio y crucial. Entre todos han convertido la convocatoria/trampa en un debate sobre el estado de la nación. Sin duda, más y mejor de lo que podía esperar Felipe González. Rojas Marcos es el único que no ha entrado al engaño. Con urbanidad no muy parlamentaria, pero con eficacia indispensable en este caso, entra a quemarropa en el caso Dreyffus / Guerra y llega hasta la última insinuación que hoy tiembla en la calle: «¿Han revertido los negocios de Juan Guerra en las arcas del partido?». Mientras habla Rojas, el vicepresidente lee una novela/río. Finalmente, Martín Toval, el sheriff bueno de ese saloon que es el Parlamento. Martín Toval es el celuloide rancio del PSOE. Por la tarde, dimes y diretes, y las matemáticas, que no mienten. La previsible votación con el previsible resultado. ¿Por qué ha sido todo así, de mayor a menor? Porque Aznar, contra lo que dijo el otro día en el Congreso de Sevilla, parece más interesado en dialogar con el Gobierno que en sustituirlo. Porque los autonómicos y periféricos aprovechan siempre que se les da la palabra en el Parlamento para quedar bien ante sus paisanos, que les estarán escuchando, o sea que hacen la guerra de guerrillas, tan española, aunque ya advertía Azaña que se había quedado anacrónica. Porque Anguita, que tiene mono de cámara, como es natural, prefiere formular su programa de Gobierno, utilizando así al presidente que quiere utilizarles. González, cuya sagacidad empieza a estremecernos, quizá contaba con esto tan viejo y olvidado: que cada cual va a la tribuna a lucirse, a que se luzca su partido o su pueblo. (Y el caballo cada vez más al fondo). Tan perverso como Paco Nieva, FG les ha invitado al «baile de los ardientes». Juan Guerra sólo parece interesar a Rojas. Un pleito de paisanos.


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