[ACTUALIDAD]
Fallo Premio Francisco Umbral al libro del año VII Edición. Ayer jueves 10 de mayo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2017 a Santos Juliá, por su libro Transición. El premio que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, presente en el acto, fue entregado por la presidenta del Congreso, Ana ...
[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 15-01-2000, EL MUNDO
Calista vuelve
Como se llama Calista, un nombre muy difícil para decirlo en inglés, la llaman «la chica del nombre». Pero se ha hecho famosa como Ally McBeal, y aquí creo que ya le dedicamos una columna el siglo pasado, locura cronológica que va muy bien con esta esquizo adorable. Ally es lo más televisivo que ha dado la pequeña pantalla en toda su historia. Si lo masáfico fue Greta Garbo o Marilyn, lo más televisivo, decimos, es Ally, la chica de la serie que lleva ese nombre. Ally tiene ojos de niña, boquita de trucha (que se prolonga hasta el beso infinito cuando quiere), unas finas y muy exhibidas piernas, una capacidad gestual inagotable y una clave: la clave es el cruce mujer/niña, y esto explica su encanto, su personalidad, su permanencia, su gracia y sus problemas. Pensamos que en la gran pantalla del cine quizá se perdería un poco. Es tan menuda y vibrátil que la pequeña pantalla arropa mejor su deliciosa entidad. Llegará, pese a todo, a triunfar en el cine, como triunfó en Broadway, pero ha sido gestada por la tv., y sobre todo por esta serie de grandes guionistas y prodigiosos montadores. Claro que en el entrecruce de amores y amoríos que constituye la serie, más algunos casos judiciales (todo pasa en un despacho de abogados), no dejan de apuntar las claves de la sociedad americana: sexo, éxito y extravagancia. Estas tres equis son fáciles de despejar y nos explican muchas cosas. Ahora se ha descubierto, también en USA, claro, que el gen del amor muere a los cuatro años de matrimonio, en la mujer. Uno opina que en esta raza promiscua que somos los humanos, ese gen no ha llegado siquiera a nacer: lo que hay es hambre de sexo y necesidad de variación. A estas peripecias sexuales las llamamos amor cuando ha pasado el tiempo, como llamamos románticas a las fotos que se han puesto amarillas. El amor, como la lluvia de Borges, es una cosa que siempre sucede en el pasado. Exito: todos los principios de la democracia americana se reducen a uno solo: éxito. Exito en el trabajo, en la cama, en el dinero, en una fiesta, en un deporte, etc. No hay valores morales en juego. Sólo hay éxito, cosa muy puritana, muy calvinista, que los yanquis heredaron de Europa y transportaron en el Mayflower. El que no tiene éxito está maldito de Dios y el que tiene éxito, siquiera sea en la venta de armas, es un ejemplo moral para las masas. Clinton tenía éxito con las becarias y ahí le ven, triunfando de los rusos y de los chechenos. Exito en el sexo y sexo en el éxito. Cuando copulan estas dos equis un hombre ya es un Kennedy o un capo que merece apellidarse Prizzi. Y todo esto ha generado, por contraste, la poesía del perdedor, de Bogart a Charlie Brown. Entre todas sus compañeras extravagantes, Ally es una perdedora. Pero la novela y el cine ya han hecho del perdedor un triunfador inverso: Bukowski, Henry Miller, Ally McBeal. Ella es una perdedora en el amor, en la soledad, en la oficina, en sus minifaldas de colegiala adulta. Por si todavía no ha quedado claro, diré que la amo.


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