[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 17-10-2000, EL MUNDO
Américo Castro
Dice don Américo Castro en un libro póstumo (El nombre y el quién de los españoles, refundición de dos anteriores, Taurus), que el problema de los separatismos tiene su origen en los ricos del lugar, de cada lugar, es decir, los señores feudales todavía pervivientes, con un ramalazo de caciquismo. Para Castro, estas clases pudientes nunca han enviado a sus hijos a estudiar profesiones creativas, sino con frecuencia sedentarias, como la ingeniería industrial, sin faltar. Como ejemplo de profesión creativa, don Américo, con aquella gracia suya tan particular, pone la astronomía. Lo que viene a querer decir el maestro es que la oligarquía provinciana o rural no ha pensado nunca en moverse del sitio, ni en que se muevan sus hijos, pues viven todos de un sistema de clases favorecido por las ideas y creencias religiosas, patrióticas, localistas, terruñeras, y todo eso correría grande peligro con la importación de los saberes inquietos y creativos de la nueva ciencia y la nueva cultura. Ese feudalismo cree más en la digestión que en la comunicación, y es el que ha mantenido en España la quietud milenaria del pueblo, del proletariado y de ellos mismos, sin olvidar a la Iglesia. Ahora estamos en tiempo de separatismos porque los media llegan a todas partes y la gente se ha dado cuenta de que llevan por lo menos 300 años aburriéndose, con lo que dicen que ya basta. Parece malo eso de que el pueblo se eche al monte (Chiapas), pero es peor cuando la gente baja del monte, porque eso se resuelve ya en terrorismo, y los oligárquicos, si quieren sobrevivir, tienen que pagar su impuesto revolucionario con la misma puntualidad que si fuera una cosa de Hacienda. La ignorancia, pues, según don Américo, se ha cultivado interesadamente mediante los tópicos del patriotismo, el victimismo, la autocompasión y un aldeanismo engrandecido como soberanismo e incluso racismo. El pueblo en armas, armas que en cierto modo pagan los ricos, va contra Madrid -también en el carlismo-, que parece ser la bota opresora, cuando no hay más bota que la propia ignorancia, tan favorecida por los cultos y engalanada por las rústicas ideas de grandeza histórica, pasado ilustre y valores propios, como una lengua rudimental y una nostalgia que es de todos. La cosa queda como una de esas jóvenes salvajes vestida de novia. Y he aquí cómo el separatismo tendría un origen económico, para gloria de Marx y disgusto de don Américo, que era un genio pero no era marxista. Los valores milenaristas no son sino la coartada y el tópico del cual comen los pobres y los patriotas de su patria chica. Detrás está el afán financiero de que todo siga como está, según anticipó Lampedusa. Por eso, si seguimos con la paradoja, no es tan incoherente que ETA levante el puño o exhiba bandera roja. Los más enterados saben que detrás de los sueños rústicos hay una realidad económica fomentada durante siglos por los grandes. El diagnóstico de Castro, obviamente, queda un poco atrasado, porque hoy el mundo se mueve. Se mueve y progresa, se mueve y mata.


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