[ACTUALIDAD]
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EL ARTÍCULO [del día] 24-11-1998, EL MUNDO
No era el dóberman
La propaganda facilona y desesperada del PSOE, cuando las últimas generales, degeneró como sabemos en un cómic con dóberman malísimo: Alvarez Cascos. Ahora sabemos que Cascos no era el dóberman, o en todo caso era un dóberman de pata quebrada. El dóberman, en quien ni siquiera se habían fijado, era y es el señor Rato, que después de poner a los contables firmes, ahora le ha estado quitando tierra y oro al monumento civil en dólares de Sarasola, y mueve Hacienda para que le reclame al empresario los 2.000 millones de un piquillo que tiene atrasado. Dóberman sí que había, claro, pero se equivocaron de personaje, se dejaron comer por un pie. Rodrigo Rato, con más lámina de pachón que de dóberman, es quien le ha dado sus éxitos económicos a la derecha y quien ahora va a limpiar la izquierda de sarasolas y madrugadores. Se dejaron llevar por las apariencias, Cascos era más puesto, cayeron en la ingenuidad del palabrón, pero quien les está haciendo a muerte la cuenta de la vieja es el otro, Rato, que con el muslamen financiero de Sarasola tiene para unas navidades cristianas, suculentas y hasta para sentar un pobre a su mesa. Un pobre o un caballo, que Sarasola tiene muy descuidados últimamente a los caballos, otro agujero negro, o sea. No era el dóberman. Era un lúdico a su manera, Cascos, que devaneaba por Las Cortes olfateando poder, pero no era un dóberman. También en eso se equivocaron. Rato, a través de Aznar, le ha mandado a tomar por sidra o a tomar sidra a Asturias, patria querida. A mí siempre me pareció un ingenuo de buena voluntad que tardó en distinguir entre la democracia y la OJE. Pero no era el dóberman, qué coño va a ser el dóberman. El perro policía y antipersonas que ha entrado a saco, pero sutilmente, en el andamiaje económico del PSOE y sus amigos, es el señor Rato, con nombre del Romancero y apellido de no tener prisa. La acción penal se dirige también contra sus dos hijos (el del caballo y el otro) y contra su ex socio Alvarez Alonso. Los sarasolas están rodeados, ya ves, y un perro pachón de nariz larga les ha olido el forro de la cartera. La colaboración de Estados Unidos ha permitido acreditar que Sarasola es el dueño de Bigley Management (ni puta idea), sociedad panameña que recibió dinero de KIO. Y cuando los Estados Unidos, que tienen una Justicia fundacional, mejorando lo presente, respaldan una cosa, es que la cosa va a misa muy temprano, con la devota Monica Lewinsky. Ya me extrañó a mí la otra mañana, cuando iba a buscar el pan, la erección inesperada de las torres KIO, que habían amanecido verticales. Lo atribuí a un nuevo milagro de viagra, terapéutica que me es conocida, pero ocurre que las torres se han quedado tiesas del susto cuando se ha sabido que al hombre que las hizo posibles lo quieren entrullar. No era el dóberman, no. Andaban ya desparejados cuando aquella penosa campaña del miedo y no supieron dónde colocar el perro, dónde estaba el enemigo. Aparte Aznar, que era la derecha eterna y no un teleñeco para tres meses, el perro de presa era ese montoncito de tristeza marengo que se ha revelado como el hombre más peligroso del Gobierno. Todos tenemos el hombre de nuestra vida, aunque no seamos del Orgullo Gay. El de Sarasola se llama Rodrigo Rato.


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