[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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Con motivo de la exposición “Francisco Umbral, libro a libro” que se está celebrando en la UAM, en la Sala de ...
EL ARTÍCULO [del día] 18-10-1999, EL MUNDO
¡Coño, la eñe!
Ortega, citando a otro, habló de «la invasión vertical de los bárbaros». Esto de ahora, o sea Bill Gates, es la invasión horizontal de los gamberros. Bill Gates, casi un adolescente, el hombre más rico del mundo, se ha comprometido con Víctor García de la Concha a incluir la letra eñe en todos los productos microsoft, que son sus hojalatas, o sea. ¿Y quién es Bill para perdonarle la vida a una letra milenaria y con sombrero, ante la Real Academia Española? La eñe de coño y de coña y de moño y de moña y de España y de roña y de ñoña y de sueño y de ensueño y de empeño y de leñe y de lueñe y de ordeño y de añoso y de mañoso, está en nuestra ortografía y nuestra literatura como uno de los signos más singulares, eficaces y expresivos con que contamos. Y aunque no fuese así ¿por qué coños todas las latas cibernéticas del señor Gates nos llegan sin eñe, que es letra que en inglés no existe y hay que componerla a base de ge y ene? Por eso, porque Gates es un analfabeto en inglés e ignora que existen otros idiomas en la tierra o los considera dialectos salvajes. No es la primera vez que escribimos en defensa de la eñe, que la invasión del inglés quiere abolir, pero ahora le vamos a recordar al pequeño Bill que la eñe es la decimoséptima letra del abecedario español y decimocuarta de sus consonantes, y que requiere una articulación nasal, palatal y sonora. Todos los españoles, y otros muchos pueblos, hemos hecho esa gimnasia nasal, palatal y sonora durante siglos, para dejar clara la eñe de España, y el pequeño Bill no tiene por qué perdonarle la vida a Víctor García de la Concha, que es un sabio. Nos tomamos a coña con eñe la invasión horizontal de los anglos hasta que un día advertimos que al abecedario se le ha caído un diente, la eñe, y al teléfono varios dientes, hasta dejarlo en «fon», y a la señorita todos los dientes y las bragas, hasta dejarla en «girl», y al amor toda la retórica, hasta dejarlo en «yes». Lo cierto es que Bill Gates, ídolo de los adolescentes del mundo entero, incluidos los españoles, es el apóstol de la ignorancia en inglés, el vendedor de cacerolas idiomáticas que lo guisan todo igual, en un anglosajón comercial, corto e intensivo, con desprecio de autodidacta hacia todas las grandes lenguas europeas y orientales, del ruso al catalán, porque de lo que se trata es de que el mundo olvide la escritura y se aferre a sus ordenadores parkinsonianos para hacer pintadas salvajes sobre el arameo, los palimpsestos, los códices, el cirílico, las escrituras ideográficas, las tablas y las ceras manuscritas por el hombre, por el intelectual, por el monje. Ya nos ha advertido el pequeño Bill de que va a acabar con el papel de todas las empresas. Salvo el papel higiénico y el de periódico, suponemos, pero de eso ya hablaré otro día. La barbarie electrocomunicacional es el mayor atentado contra la cultura desde que Nerón quemó Roma, si es que la quemó. Pero la eñe no se ha quitado su sombrero ante el pequeño lord del primitivismo transgénico, y García de la Concha tampoco. Queremos los ordenadores con eñe, aunque de todos modos los vamos a tirar por la ventana en cuanto se distraiga el redactor/jefe. Quiera o no quiera Bill Gates, su novia lleva una eñe en el coño.


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