[ACTUALIDAD]
Fallo Premio Francisco Umbral al libro del año VII Edición. Ayer jueves 10 de mayo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2017 a Santos Juliá, por su libro Transición. El premio que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, presente en el acto, fue entregado por la presidenta del Congreso, Ana ...
[RECIENTES]
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Durante la Feria del Libro de Valladolid la Fundación Francisco Umbral organizó un coloquio el día 6 de junio con la ...
EL ARTÍCULO [del día] 21-11-1990, EL MUNDO
. El ayatolá
CANCELADAS en París las guerras ideológicas del mundo, vuelven las guerras santas de los ayatolás, que empezaron con Jomeini y siguen con Sadam. En España se ha levantado ahora, con el santo de palo y la limosna de oro, el ayatolá Suquía, confalonero de Dios, moviendo a guerra de religión contra esta sociedad laica, agnóstica, atea, materialista y un poco puta. Tal que ayer se ha subido al minarete el ayatolá Suquía diciendo que se hace fuerza a los católicos para que abandonen la fe, la educación cristiana y las costumbres, entregándose al ludibrio y el lenocinio. Olvida el ayatolá, porque le conviene, que la moral laica no le ha sido impuesta a este pueblo por un partido ni inducida por las diablesas del consumo y el week/end, sino que consta en una Constitución votada por la inmensa mayoría de los españoles y rubricada por un monarca católico. Es la Iglesia, pues, muy al contrario, quien hace fuerza por imponer sus dogmas, desde el parvulario a la política, sobre una sociedad que va a su aire y otorga repetidamente mayorías reventonas de votos a un partido de izquierdas. Lo que más teme la Iglesia no es la amoralidad o la inmoralidad, sino el que los hombres descubran que hay una moral sin Dios, una moral natural, social, colectiva, que va de Marx a Albert Camus y que se concreta en los deberes del hombre para con los demás hombres. Ahora, a los 15 años de la muerte de Franco, que por ser fecha redonda ha dado más juego, hemos podido recordar a esta sociedad mediante artículos, temas de Historia, entrevistas y «Dragón Rapide» (muy bien Juan Diego como Caudillo), que la derecha se presta a jugar a la democracia (en la que no cree) hasta que pierde, y entonces saca de la manga la «baza de espadas», que decía Valle-Inclán, y siempre hay un don Juan (March) o un don Pedro que corre con los gastos y paga la pólvora y el vino cuartelario para brindar por la Patria antes de bombardearla. Para cuando les falla la democracia, Gil Robles saca las monjas a votar o Suquía le exige a Aznar, velada e impúdicamente, como la hechicera kuwaití del anuncio Free Kuwait, que haga la guerra santa. Que se lo pregunten a los doceañistas, a los caballeritos de Azcoitia, a los muertos de la II República y a los Lorca, Besteiro y Hernández anónimos de la represión franquista, tan minuciosa en Cáceres a cargo de Yagüe, un suponer: desde la Revolución Francesa, la Iglesia viene aceptando de mala gana el liberalismo, el volterianismo, los librepensadores, la democracia y las varietés, pero reservándose siempre la guerra santa para cuando la cosa va en serio. Aznar, que ha cambiado el loden vallisoletano por una cazadora marchosa, hace como que lo del muecín no va con él, y efectivamente no va. Una cosa es que pierda las elecciones, dignamente, contra Felipe González, y otra que las vaya a perder contra Mariscal, Coby y la tienda de gomas «La Discreta», en la calle Jardines. Ya tenemos montado aquí nuestro Golfo Pérsico. El Sadam Husein opusdeísta quiere fanatizar a las masas y al PP, apoderarse de la democracia cristiana que en España no hay y controlar todo el petróleo ideológico del país, que es rico en bolsas de pensamiento, pero ya no da mártires para el Japón. La sociedad española se adelantó al PSOE, a Franco y a la Iglesia en los sesenta, de modo que el socialismo laico ha sido una creación de este pueblo. Felipe, Guerra y los sindicatos son una invención fabulosa y bizarra de los españoles, y no a la inversa. Suquía se equivoca voluntariamente culpando a los socialistas de nuestras perversiones y preservativos. Nosotros les hemos inventado a ellos. Suquía fanatiza inútilmente a la democracia cristiana. Cristo no era democristiano.


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