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EL ARTÍCULO [del día] 29-03-1995, EL MUNDO
Más de lo mismo
Como las buenas novelas de la guerra civil las ha escrito casi todas la derecha (Foxá, Borrás, Miquelarena, Fernández Flórez, etc.), ocurre que la imagen que tiene el español adulto del Frente Popular es una romería de chapisteros bailando con los esqueletos de las monjas desenterradas y de chisperos de alpargata fusilando al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Angeles, entre olivos. Todo ello a la luz de las escobas levantadas y encendidas. Lo que el citado Foxá llamó «la horda». El maestro Haro Tecglen, en su insondable Diccionario Político, nos da una versión racional del Frente Popular que ganó las elecciones del 36, poniendo de jefe a un señor tan moderado como Azaña. Pero el señor Aznar, estos días, viene avisándonos contra el Frente Popular (no se atreve a decir su nombre), y diciendo que IU y el PSOE se aliarán contra el PP el 28/M. Ellos pactaron con Anguita cuando hizo falta, como recordábamos ayer aquí, y con Leguina, pero denuncian el escándalo saduceo que produce en Embassy la vuelta del Frente Popular, que, por otra parte, siempre sería coyuntural y aleatorio, ya que socialismo y comunismo se han odiado históricamente. Un Frente Popular es lo que hizo Franco mediante el Decreto de Unificación (que no unificó nada), cuando las señoritas carlistas de Urraca Pastor curaban la llaga del falangista herido y cuando militares, curas, franquistas, requetés, gente bien y lumpen de derechas iban, en mi Castilla de entonces, a ver los fusilamientos de rojos, y hasta pusieron buñolerías con chocolate para el refrigerio de los espectadores en aquellos cerros de sangre, que el purísimo poeta Jorge Guillén había cantado mucho antes, «esos cerros», en su plata de luz y distancia. En las plazas de toros se toreaban rojos, como cuento en mi novela Leyenda del César Visionario. Durante la guerra sólo hubo corridas en la zona nacional, porque de ese lado quedaban las grandes ganaderías y, por tanto, los toreros. De ahí le viene a los toros el ser una fiesta «de derechas», aunque mi amigo Jaime Ostos sea un socialista sevillí de Felipe, y honrao, que es más que honrado. (Y la merluza a la brasa que me guisa él mismo, una gozada). El Gobierno ya ha «contestado» el programa de Aznar, que Borrell define como «carta a los Reyes Magos». A IU y sindicatos tampoco les ha gustado nada, mientras que Cuevas/CEOE está encantado. «Muy adecuado», dice. Lo cual que ha sentenciado el programa como empresarialista, o sea. Aznar quiere poner una mili de seis meses, pero lo que tenía que hacer es quitarla del todo, y se llevaba las nuevas mocedades, un par de generaciones jóvenes que ya votan. Pero es corto, el chico. A mí un Frente Popular sin Felipe González y sin Guido Brunner, el gordo de los maletines, me parece que podría funcionar electoralmente, aunque luego se malentiendan las plurales izquierdas, como históricamente ha ocurrido y recuerda Haro. A los anarquistas, los comunistas y los socialistas se les distingue y diferencia por las caras antes que por las banderas. Tiene uno escrito que las municipales son la bayoneta calada de la democracia, y mayormente en España, porque se vota cuerpo a cuerpo, con el vecino o contra el vecino, y el vecino en seguida te ahorca el perro. Aznar se ve que teme al frentepopulismo y la horda, ignorando aquello de Bergamín: «Aquí las iglesias las quema Dios». Y por eso Aznar ha lanzado su programa/programa/programa, que todos los analistas y columnistas andan queriendo definir, cuando su propio autor lo ha definido como de pasada: democracia cristiana. Un pan como unas hostias, o sea.


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