Artículos Francisco Umbral

La cama política


Uno diría que fue don Manuel Fraga el primero en utilizar esta expresión: «La política hace extraños compañeros de cama». En todo caso, se trata de una ruda metáfora al estilo de don Manuel.Pero la cosa no había pasado de ser eso, una metáfora, hasta que en los últimos tiempos ha empezado a hacerse realidad en plan realismo socialista y del otro, que es un género que gusta mucho a todos los partidos porque sólo manejan cosas tangibles y fungibles. Por eso no entendieron a Ruiz-Gallardón cuando dijo de sí mismo: «Yo soy un verso suelto». Y por ahí, por Ruiz-Gallardón, podríamos empezar a hacer el recuento de los extraños compañeros de cama que últimamente se han dado en la política española. Pero no adelantemos acontecimientos.Primero fueron los compañeros de armario. De pronto, salía un seminarista de dentro dejándose olvidada la coronilla y dejándose olvidado a un obispo pedáneo. Incluso el Papa ha tenido que darse una pasada revisando los armarios y confesionarios católicos para acabar con esos fines de semana cristianos que a veces eran un fin de año o de siglo con mucho champán eucarístico, más el demonio, el mundo y la carne, mayormente la carne sobrante del director del coro, que es el que tiene más a mano la primavera salvaje de los adolescentes. A la sombra beethoveniana del armónium se han sacrificado muchos santos que no eran inocentes. Del altar pasó a la bandera esta manía del machismo clerical, y nuestra bandera ha tenido que asistir roja y amarilla de vergüenza, con esa vergüenza gualda que tienen las banderas, a varias salidas del patio de armas de algunos tenientes y capitanes provisionales, ya que la clase culta conserva el privilegio de exhibir sus pasiones, mientras que los quintos y voluntarios bajan del monte y vuelven al monte sin haber dicho una palabra más alta que otra sobre su sexualidad, que eso se arregla con bromuro y no con el judiazo de Freud, que era un pensador para maricas retrospectivos. Pasada la moda del sentimentalismo clerical y castrense, que aquí hasta el Himalaya se quita y se pone de moda, el corazón/corazón ha venido a herborizar en los políticos, una clase también muy recia. La política ha hecho compañeros de cama a Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, que están compartiendo una Comunidad que no es de ninguno de los dos. Pero en dicha Comunidad ya han amanecido otros compañeros de cama y escaño como Tamayo y Sáez y, ahora, una pareja formada por el alcalde de un pueblo de Toledo que se fuga con una concejala de su equipo por amor. El idilio entre los dos socialistas, ambos casados, surgió en campaña. Ahora no sólo pueden ofrecer camas redondas, sino también ruedas de Prensa. Aznar tuvo la idea de llenar el PP de mujeres, como el PSOE se había llenado de inmobiliarios. «Buscad a la mujer», dicen los franceses, pero se han quedado cortos con su Chirac y todo, porque cuando no hay mujer se salta del armario a la cama, de la cama al armario y la pareja resultante acaba fundando un partido político como ese Nuevo Socialismo que se ha sacado Tamayo. Una política inficcionada de sexo, aunque no todas las ministras sean Monica Lewinsky, es una política decadente que ha empezado a bajarse al moro detrás del patriótico y petrolífero presidente Bush.

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