El novio de Marilyn
El Premio Príncipe de Asturias da su verdadera dimensión literaria eligiendo a Arthur Miller, un poeta del Imperio contra el Imperio.Acertando casi siempre con el hindú menesteroso que hace poemas exquisitos a la miseria de su pueblo, el Nobel se ha dejado atrás a Miller, con lo que el Príncipe de Asturias acude en seguida a remediar el caso ventajosamente, cruzando en sentido contrario las Torres de Manhattan para roborar la categoría internacional y duradera de un escritor crítico de los Estados Unidos. De modo que hoy el judío yanqui es Príncipe, que casi suena mejor que Nobel. En nuestra adolescencia cruel, años 50, Arthur Miller encarnaba en el mundo el pontificado del teatro social y en seguida llegaron a nosotros obras como Muerte de un viajante, Recuerdo de dos lunes, Panorama desde el puente, Después de la caída, etc. Además de asistir a todo este teatro en español, lo leíamos en Losada de Buenos Aires. José Tamayo (que me ha enviado un jamón), Francisco Rabal y posteriormente José Sacristán, fueron para nosotros los héroes millerianos de la revolución social e intelectual que íbamos a hacer contra USA, pero con arsenales USA, y ahí estaba el fallo, ya ven, en que metíamos goles en la propia portería. Y con nosotros se contradecía el gran Miller, pues que, como tantos autores yanquis, pretendía ametrallar desde su máquina de escribir el Empire State Building, puesto que entonces todavía no se alzaba en Manhattan la gracia funcional y japonesa de las difuntas Torres. Muerte de un viajante es quizá el mejor drama de AM, aquél que resume, sintetiza y expande la tragedia del hombre medio americano, que son millones de hombres, o sea. Un viajante de comercio que ha soñado un poco de sol y de cielo, un poco de paz y de nueces para él, su familia y sus ardillas. Pero América gana estatura, ominosamente, y Willy Loman se ve hundido, con el tiempo, en un pozo de vulgaridad, en una trampa para hombres grises, que es el color de las ratas. Es la tragedia callada y cotidiana de América y Miller lo ha dicho ahora: «Mi teatro sigue vigente porque los problemas son los mismos». El teatro de este heredero de O'Neill se sustenta en un realismo sobrio y matizado con fogonazos de poesía, imaginación y sueño.Toda la literatura norteamericana parte del realismo para luego incardinarse en la magia de la palabra y la temperatura, a la manera de Tennessee Williams. Miller, sin perderse en tal lirismo, es poeta de América y crítico de América. Su matrimonio con Marilyn Monroe, que antes fue noviazgo, hace la vida de Miller tan simbólica como Goethe creía que era la suya, pues aquel país siempre ha tendido a fundir las armas y las letras: Así en Faulkner consagrando literariamente la guerra contra el Norte. Allí, como de verdad son una democracia, las maravillosas mujeres se casan con los intelectuales, mayormente judíos, y ahora tenemos el ejemplo de Woody Allen. Marilyn cantó las guerras que Miller criticaba.No podían terminar bien. Pero estos matrimonios nos revelan que, en la cultura americana, la belleza casi siempre tiende a la sabiduría, que es la verdad. Una estrella española no pasa jamás de casarse con su productor.

