Artículos Francisco Umbral


Lunes 10 CORREOS y Telégrafos edita unas series de sellos en homenaje a Lola Flores y Camarón de la Isla. A uno le parece muy bien que se honre a los folclóricos muertos y vivos. Ellos cuajan la cultura popular de España, que por el mundo es la única España posible y viable. Pero hay en nuestro siglo muchos nombres y hombres que realmente han hecho la modernidad española, y que Correos ignora: el 98, Cajal, Galdós, Benavente, Marañón, Teófilo Hernando, Ochoa, Gómez de la Serna, Ortega y por ahí seguido, antes y después de la guerra. Puede que algunos de éstos tengan sello -Azaña no, por ejemplo-, y por otra parte un sello no es más que un honor timbrado y burocrático, como un billete, pero por ahí se ve cómo entiende el Estado la cultura nacional. El Estado tiene alma de maruja y cualquier día le pone un sello a Lina Morgan o a Carmencita Martínez-Bordiú. . Miércoles 12 LOS tres dedos de la Ley son los que ha perdido el magistrado Jiménez-Alfaro en un atentado criminal. Este atentado viene a culminar por ahora, a mi ver, el tornado de desprestigio, licencias, reticencias y abusos que caen a diario sobre la Justicia desde los medios de comunicación, la política y la calle. Cuando el tormentón verbal viene muy fuerte, acaba siempre en el trueno heridor que ha podido quebrar una vida ilustre. Alguien está queriendo abochornar al Poder Judicial de una manera ominosa, onerosa, cobarde y suicida. Cuando conviene que no haya Ley (o desprestigiarla), por algo será. Pero la Ley es el amarre último de una sociedad civilizada, democrática y digna. Roma no hace el Derecho. El Derecho hace a Roma. Creo más es una Ley sin democracia que en una democracia sin Ley. Son plurales las razones, todas espurias, que llevan hoy a los medios, la política y la calle a descreer de la Ley, pero todas ellas se amalgaman en una conspiración tácita: la Ley estorba porque hay mucha mala conciencia. Uno tiene la tranquilidad moral y profesional de no haber incurrido jamás, en muchos años de oficio en los periódicos, en el fácil recurso a la burla de la Ley. Y lamento que muchos de mis compañeros se hayan servido de ese recurso, generalmente a la ligera o con alguna mala fe. La Ley es el palo central y el último amarre de la nave del Estado. Y hoy nos hace más falta que nunca. La Justicia también se puede ejercer con dos dedos, cuando hay razón y voluntad para hacerlo. Esos dos dedos a salvo de la mano derecha de Jiménez-Alfaro no suponen una Justicia manca, sino una Justicia a la que, si la tríada de Montesquieu se respeta, le basta con levantar un solo dedo para poner el mundo en orden. . Jueves 13 HOMENAJE a Chillida mediante la colección de modelos de Agatha Ruiz de la Prada. Chillida pastorea rocas y montes, Chillida es vasco y grave como antaño. Agatha Ruiz de la Prada es de por sí un octosílabo. Veo por los periódicos que los políticos y las políticas de derechas pululan estas cosas como antes los de izquierdas. La cultura y el arte no son sino el tapiz cinegético de fondo para la gloria caediza y equivocada de los que mandan. . Viernes 14 HE aquí mi Feria del Libro. La Poesía completa de Cela, libro del que otro día escribiremos despacio. Resulta que en esto también el maestro es maestro. Los chicos de la prensa, de nuestro querido compañero Juan Carlos Laviana, que reúne periodismo y cine en un original estilo de ensayismo. Lucio, historia de un tabernero, de Lorenzo Díaz. Lucio es una figura tan entrañable a la democracia como Chicote lo fuera al franquismo. Entrañable y entrañada. Lucio ha dado de comer ya a un par de generaciones democráticas y a muchos extranjeros ilustres, desde Kohl a García Márquez. Ocurre que una época, una política, un estilo, no los fija el artista, el senador, el escritor, el banquero, sino que el misterio y el perfume del tiempo, la consagración de un tiempo, diría yo, se obran en un tabernón ilustrado, en un salón proustiano, en una comicanta bella y memorable, en un murgante callejero, en un pregón o un modelo de minifalda. Lucio tiene diplomacia de canciller con servilleta al hombro y ese instinto social, real, que aglutina las conversaciones de unos años, las intrigas, los bautizos, las conjuras y las bodas, los golpes de Estado y los cumples. Gracias a Lucio nos llevamos todos mejor con todos. Lucio es el mesonero de referencia para saber lo que pasa en Madrid. En Madrid no se lucha por el Gobierno, la gloria, el pelotazo o el ligue. En Madrid se lucha sólo para que a la noche te dé una mesa Lucio. . Sábado 15 MI querido y joven amigo Juan Manuel de Prada ha escrito en ABC un agudo, directo y feliz artículo contra los libros con cacharrito, a propósito del CD Rom del académico Luis Goytisolo, que completa su última novela. Yo creo, querido Juan Manuel, que la culpa no es del novelista catalán. El no ha inventado el CD Rom ni otras prótesis literarias. Se limita a usar lo que hay en el mercado, que es lo que viene. La barbarie de las máquinas, la electrónica salvaje y el fin de la cultura escrita (no hay otra) exigen ponerle al libro y al periódico cascabeles y atalaje de chismes. El público tira el libro y se queda con el chisme. El Quijote ya sólo es el soporte tipográfico de un sorteo, un premio o una lavadora. Somos los últimos mohicanos de ese raro, confuso y viejo opio que llamamos literatura. Mejor: quedaremos por últimos, como la momia vendada de un escriba faraónico. Como he pasado casi toda la semana enfermo en casa, veo por televisión, chez Nieves Herrero, a Carmen Martínez Bordiú, curioso ejemplar tardofranquista, de couché y marujeo fino, a la que no conocía. Era más guapa su madre. Tiene una voz vulgar sin educar. Es loritera sin control verbal ni gramática (dijo cónyugue). Ni sé ni me importa si está ganando una pela brava con sus memorias. Pero odia a Jaime Peñafiel como si él se la hubiera inventado, cuando no hace más que glosarla. No es que el periodista la manipule: es que ella es así. Y para no admitir esto, que es muy fuerte, se considera la creación maleva de la prensa. Dice que ella es otra, pero no acierta a explicar quién. A lo mejor por dentro no hay nadie, nada, y al final tiene que aceptar la creación de Jaime. Doña Carmen está hecha de tipografía y blablablá.

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