Artículos Francisco Umbral

La eñe


El Gobierno, que ya nos ha quitado todos los números y el numerario, ahora nos quiere quitar las letras. Le han pedido permiso a la Academia para quitar la eñe, y la Academia, muy terne, ha dicho que no, coño (qué sería de nuestro «coño» coloquial sin la eñe). He probado a decir «que en esta casa mando yo, cogno», y no suena. Pierde uno autoridad.

Felipe González quiere quitar la eñe porque en otros idiomas europeos no se lleva. Como ya no sabe qué ofrecerles a los de Estrasburgo para que le hagan un poco de caso, ahora les ofrece una letra. Podía haber elegido la hache, que es muda, pero no la eñe entrañable de «entrañable», la eñe de «coño», «leñe», «coña», «guiño», «lueñe» (que no sé lo que es, pero lo usaba Machado), la eñe de «leña» (al mono) y «ñoña», que es una maravillosa y única palabra de dos eñes, gran creación dialectal, memorable ahora que no quedan ñoñas, sino que todas andan de feministas, liberadas, juezas y modernas. Es tal la fijación europeísta del señor González que ya no duda en sacrificar el castellano, en inmolar una lengua de mil años a un contrato trimestral de mandarinas. Esto es San Millán de la Cogolla contra Estrasburgo, y Lázaro Carreter, que es hombre de palabra (y de palabras) se ha hecho fuerte en San Millán de la Cogolla.

Ahora que nos han dejado en números rojos, con los impuestos y la carestía, ocurre que detrás de los números vienen las letras y nos quieren descontar la eñe. Se empieza quitando la tecla de la eñe de la máquina de escribir y se acaba hablando todos en espiquinglis mal traducido, como presentadores de televisión. Hay que defender la tilde o virgulita de la eñe (supongo que se llama así), por propia estimación y porque además es nuestra letra más pícara, ya lo he dicho, la letra de «apaño» y de «pestaña». Ya sabemos que el Gobierno no lee libros o sólo lee en inglés/básico/acelerado/comercial/nocturno, pero González no ha debido tener jamás la osadía de pedir a la Academia que suprima una letra. ¿Por qué no les pide a los alemanes que supriman todas esas consonantes que les sobran? La eñe, sobre el nombre de España, es como la bandera nacional ondeante, y no pretenderá González que nos pongamos todos a decir Espagna y que somos espagnoles, sólo porque a él le han dado el premio Carlomagno. Ya hacemos bastante con soportarle al presidente que diga en las Cortes «posicionamiento» y «visionar», con lo cual está rebajando el parlamentarismo a jerga. ¿Se imaginan ustedes a Castelar diciendo «posicionamiento»? ¿O a don Manuel Azaña diciendo «visionar»? Y eran mucho más profundamente europeos (y españoles) que González. La pérdida de la eñe sería para nosotros más grave que la pérdida de las colonias. No hay que ceder ni una tilde, la tilde de la eñe, maestro Lázaro, ante la barbarie germanizante del social/liberalismo de FG. Perdimos América, pero salvamos el idioma. Y este señor, tras montar el cirio del V Centenario hispanizante, quiere que hablemos inglés, empezando por la gn.

Han revendido España a los yanquis y ahora quieren revenderles un espanglish humillante, chapucero, navajero y burlero. ¿Por qué en vez de pedir la eñe no piden el peñón de Gibraltar, que es la eñe geográfica que nos quitaron los ingleses hace mucho, y que tiene montuosidad de eñe? El castellano ha vuelto a ser épico, como cuando el Cid, y la Academia tiene una epopeya por delante, pues detrás de la eñe vendrá la efe, que en inglés es ph, y así hasta que hayan dejado el castillo del castellano sin almenas. El practicismo de Felipe González se ve que no repara en nada, y menos en quitarle la virgulita a la eñe, que es como quitarle el virgo. Desde ahora voy a escribir mis columnas sólo con palabras que tengan eñe. Porque ya está bien, cogno.

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