23-10-1999, EL MUNDO  | ver otros artículos

El papel

El señor Bill Gates, en su reciente pasada por España, nos dejó como última amenaza esta frase: «Voy a acabar con el papel en todas las empresas del mundo». Quiere que trabajemos con sus juguetes. También aquí en los periódicos. Desde la primera radio hasta la última raya de televisión, viene hablándose de la muerte del periodismo escrito, que es el único periodismo. Lo demás es ruido y detergente. Tras la tablilla de cera, la piedra labrada, el mármol y la arena, donde escribió Cristo, la palabra encuentra su definitivo y cálido asentamiento en el papel. El papel tiene la levedad justa y el soporte suficiente para una lectura. Bill Gates, si le dejan, pasará toda la cultura universal a un disco del tamaño de una moneda, pero siempre será más hermoso volver a abrir un libro viejo, antiguo o un libro nuevo y palpitante como un pájaro, y leer y releer, que hay que ver las cosas que se encuentran cuando se vuelve atrás la página. Leer es leer libros y periódicos. Las/los internet quieren hacerle mucha competencia al periódico, que por eso mismo se defiende y viene cada día más reventón de pensamiento, opinión, crítica e ideas. Un hombre que lee periódicos ya es un hombre culto. Un hombre que maneja chismes es un niñoide. Es asombroso lo poco que informan los desinformativos tv. Su oficio es, claramente, resbalar sobre las cosas, hacer patinaje artístico sobre el volcán y no estropear el almuerzo doméstico con otras profundidades. Así es como hacen cada día más necesario el periódico. La progresiva estupidez del cine comercial nos devuelve al libro, porque, como hubiera dicho Ortega, el libro abriga. Una persona que ha visto mucho cine es una persona que ha visto mucho cine. Una persona que ha leído muchos libros es una persona culta. Los neonazis de Fahrenheit, de Ray Bradbury, no persiguen películas sino libros. Bill Gates es un joven nazi que no lo sabe. Vive la superstición comunicacional, pero no tiene nada que comunicar. Trabaja con una mentalidad de secretaria de contabilidad en una mercería. Entrar en un libro, Gates, tío, es entrar en el mar. Desde 1492, Gutenberg, con su clima de imprenta, arrulla nuestras soledades más fecundas, las de la lectura y el pensamiento. El leer y el pensar son actividades que se producen simultáneamente. La lectura es un pensamiento organizado, pero no dirigido. Pensar sobre lo que otro pensó, seguir el hilo, hacer gimnasia mental, entender el mundo, que en los libros está clarísimo. De acuerdo en que no es el mundo externo sino el mundo subjetivo del autor, pero ésa es la gracia. La única manera de que dos hombres se comuniquen es que uno calle, y, venturosamente, siempre me toca callar a mí, el lector. Lo primero que hace falta para que un hombre piense, imagine, invente, escriba endecasílabos o cartas literarias, no es vocación ni ganas ni inspiración. Lo primero que hace falta es un papel. Nadie piensa en el vacío ni frente a una tragaperras/comecocos de Bill Gates. Gates es ese pobre hombre que, de chico, nunca le escribió un poema a una chica por detrás del libro de álgebra. Que tiene un trauma, o sea.

Fdo. Francisco Umbral

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