14-01-1999, EL MUNDO  | ver otros artículos

Ser de izquierdas

¿Qué es ser de izquierdas? No, desde luego, tener un carnet o un himno. Eso sólo son los signos externos de la izquierda. La izquierda, en cuanto se seculariza -partidismo, nacionalismo, clasismo, etc.-, deja de ser izquierda. Por eso no puede haber un pensamiento de derechas (sino sólo un sentimiento o una estética). Porque el pensamiento, quiero decir, es siempre indecisión, dubitación, transgresión, autotransgresión, modificación, asunción, provisionalidad lúcida y en vilo. La flora vaginal de los nacionalismos, en el mundo entero, que vivimos ahora mismo (y digo vaginal porque proceden de lo maternal, de lo matriarcal, de lo irracional) se presenta curiosamente como movimiento y pensamiento de izquierdas, así en esta península, cuando lo característico de la izquierda es no estar uno seguro de nada, aunque abierto a todo. Quienes tan duramente se encastran en su pueblo, en su raza, en su Historia (?) no tienen intelectualmente permitida la invocación a la izquierda marxista, revolucionaria o meramente socialista, socializante e igualitaria. Porque, en primer lugar, eso es preparar una guerra para antes o después. Y, mayormente, porque el encastramiento nacionalista no es sólo de la derecha, sino de la extrema derecha. Sospechamos de todo hombre que está demasiado seguro de las cosas, de sus cosas. El acto más revolucionario de la vida, por el contrario, es la duda, empezando por ponerse en cuestión uno a sí mismo. De donde sale que una izquierda nacionalista es una izquierda incoherente, inculta, de ideología confusa, aun cuando tenga razón en algunos de sus planteamientos. Los carlistas eran de derechas, hombre, como debe ser. La cultura está siempre en la izquierda, y no por oscuras manipulaciones judeomasónicas, como nos enseñaron a los de mi generación, sino porque la cultura toda es pregunta por la vida, por el ser y por las cosas, mientras que la derecha no se pregunta nunca nada. La derecha vive de evidencias: fincas, escudos, armas, liquidez, geografía, clima, sangre. Todo esto son valores catastrales, pero no ideas que hagan avanzar el mundo. Un nacionalismo de izquierdas es incoherente, ya digo, y a partir de esa incoherencia nacen todos los disparates y actos gratuitos o fallidos, como incendiar cabinas telefónicas, autobuses o ancianas que pasaban por allí. España, hoy, vive dos nacionalismos enfrentados, el centralista y el periférico, que a su vez se subdividen en muchos. Los españoles tenemos que ser un poco menos españoles (por esto precisamente, y por otras cosas, pudo hablar Mainer de prefascismo en el 98). Valle-Inclán fue el menos nacionalista de nuestros grandes del siglo XX, y por eso es el más actual. La izquierda nacionalista se enfrenta hoy a la derecha españolista o centralista, sólo que el PP ha pasado o está pasando por el burilado madrileño y tiene mejores modales y no toma el autobús con la parabellum bajo el sobaco. A partir de la duda metódica el hombre cartesiano puede preguntarse por el mundo y descubrir cosas. Ser de izquierdas no es instalarse en la izquierda, sino la desinstalación permanente, que nos entrega a la corriente de las ideas y los meteoros, a la renovación continua. Ni el hombre revolté ni el hombre Rh, pero el hombre desinstalado, abierto a la circunstancia fecunda, racional y de cualquier parte.

Fdo. Francisco Umbral

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