28-10-1994, EL MUNDO  | ver otros artículos

Los gobernadores

Ha habido como un amago o cosa para quitar a los gobernadores civiles de toda España, pero no, Saavedra se fue de la mui, se fue de bareta, y la presidencia le ha corregido en seguida. Lo de quitar a los gobernadores era una idea muy plausible de Pujol. El gobernador civil no es sino la presencia vicaria de Felipe González en la tierra, en el terruño de cada provincia. Y esto, para algunos, es humillante. A mí, más que humillante me parece caro. Veamos. Cada rincón de España o cabeza de partido judicial tiene un alcalde, un alcaldillo, un gobernador, un delegado del Gobierno, un presidente de Diputación, un presidente autonómico, la tira. Los socialistas venían a corregir el vicio galdosiano y anifarado de la mucha administración, del covachuelismo, del empleísmo, del funcionariado, pero luego lo que han hecho es multiplicar la burocracia hasta límites realmente graciosos, y los caciques de cualquier pueblo giran ya en la Administración y el presupuesto como los caballitos de la verbena, siempre pasan los mismos y vuelven a pasar y a cobrar. Yo hasta me sé quién es el segundo teniente de alcalde de Murcia. ¿Y para qué necesito yo saber esas pijeces? Porque uno está a la cosa pública. El caciquismo psocialista da ya más funcionarios que gentío, más ventanillas que cola, más sumilleres que peatonales, porque los sumilleres, a cualquier nivel, son voto seguro, voto comprado. La figura del gobernador civil, concretamente, se ha quedado obsoleta. El gobernador civil de cuando entonces sí que era la figura vicaria de Franco en la tierra. En esto, Felipe González sigue haciendo franquismo. En Valladolid, pura postguerra, licenciosos cuarenta, teníamos uno que, a falta de cosa mejor que hacer (el gobernador nunca ha tenido nada que hacer), se dedicaba, con su linterna, a descubrir y multar parejas besándose en los cines o en el río, de noche. Se llamaba Romojaro y en Valladolid le sacaron un verso que decía «no me beses con descaro que nos multa Romojaro». Y encima sacaba a los pecadores en el periódico, para escarnio, mofa y befa. El gobernador civil era también jefe provincial del Movimiento, como hoy viene a serlo del PSOE, y tenía un chófer que además era conserje en Sindicatos, recadero en un periódico y champiñonero de afición. Los chóferes de los gobernadores civiles fueron la última camisa azul que quedaba en España, cuando ya Franco, al perder la Guerra Mundial el fascismo, había mandado retirar todas las camisas azules del paisaje, como recuerda don José Antonio de Girón y Velasco, mi paisano, el gran demagogo de Franco, que ahora publica sus memorias, un poco desordenadas, anacrónicas y de vuelta, pero con su estilo macho de garañón máximo y soltero de aquellos años triunfales. Con el PSOE, los gobernadores civiles son una figura política que queda aún más ociosa, una representatividad obvia del Estado central, y comprende uno muy bien que el señor Pujol quiera deshacerse de ese petrefacto franquista, pero me parece que Felipe lo mantiene, aunque hablan mucho de regenerarse suprimiendo los altos costes o costos de la Administración. Que empiecen por el chófer falangista del gobernador, que casi todos los chóferes se pasaron al PSOE. Los gobernadores civiles vienen de muy atrás, claro, pero con Franco se dio la paradoja política de que casi todos los gobernadores civiles eran militares. Al gobernador civil se le nombra con la mano (mandar viene de mano) y por eso son unos funcionarios fieles, rectos y un poco acusicas. Un gobernador civil ya nunca es noticia, si ustedes se fijan. Noticia es Bono o Rodríguez Ibarra. ¿Y por qué los mantiene el señor Glez., a costa nuestra? Son una de las varias inercias que este régimen ha conservado del cuarentañismo. Estoy de acuerdo con Pujol en que los quiten, pero debemos reconocer que como quedar quedan típicos.

Fdo. Francisco Umbral

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