30-09-1991, EL MUNDO  | ver otros artículos

José Muelas

Por fin el pueblo, la gente, un particular, los votantes, la masa, el gentío, la militancia, un piernas de Murcia, José Muelas, por fin un mutante, un virus informático en la electrónica de los partidos, un radical que empieza por radicalizarse él, por fin las bases, la mayoría silenciosa que habla, José Muelas, o sea.
Ha ido a ocurrir en el congreso del CDS, un partido menor, entre la extinción y la disputación, ha ido a ocurrir que el compromisario desconocido, un señor de Murcia, se levante y diga una palabra más alta que otra, y así en crescendo, a las esfinges sagradas del partido, hasta llevarse el congreso de calle, imponer su enmienda a la totalidad y hacer que triunfen sus verdades mal dichas, su dialéctica silvana, su crítica cimarrona y lúcida, y hasta su nombre feo, José Muelas, sólo superado en antifonética por aquel ministro de Franco, Mortes, de quien decía don Pedro Sáinz Rodríguez : «¿Se imagina usted a las masas gritando viva Mortes?».
Bueno, pues las masas (y no precisamente el partido que cabe en un taxi) han gritado viva Muelas tal que ayer, cuando un militante particular, un matado, se levantó a hablar en largo y por derecho. Es la primera eclosión democrática, recental, matinal y abrileña de nuestra «partitocracia», que diría Franco. Cuando ya todo es burocracia y asentimiento en los grandes partidos, cuando nuestra democracia sólo se conserva en la nieve y el alpe de la indiferencia, como ese guerrero de cuatro mil años que ahora han encontrado, he aquí a José Muelas, murciano de treinta años, o sea un hijo del 68, que le devuelve a su partido y a nuestra política el ventarrón inaugural del pueblo.
Nada que ver con Poujade, Coluche, Ciciollina, Ruiz Mateos, Gil y Tal y otros números populistas, líderes de mercado de hortalizas, que a veces da la cansada democracia europea, como viñeta amena y liminar. Nada que ver. José Muelas, con su motín dentro del motín, ha desgarrado el pentagrama, como Beethoven, y hasta ha conseguido, sin proponérselo, que el mitológico Adolfo Suárez reconsidere su asistencia a la clausura (a la hora de escribir esta columna, hora rectificada según el Gobierno), no sé lo que habrá ocurrido después. Me parece que el pronunciamiento de Suárez por Raúl Morodo es lo más inteligente, valedero y futurible que ha hecho el presidente o ex en los últimos años.
Morodo es un ente político e intelectual inexplicablemente desaprovechado en este país de políticos sirleros y mierderos de la democracia. El POSE y el PP, los grandes partidos, también los periféricos, necesitan algo así, un desgarrón de naturalidad y lozanía por donde el electorado se asome y diga su palabra inteligente y ruda, no maliciada por astucias, canapés y protocolos. ¿Dónde está el José Muelas del socialismo, del liberalismo, de la derecha? Hemos hecho de la democracia, gobierno del pueblo, un rito y un ritmo, un mito y un tabú, una oficia siniestra donde el pueblo se expresa mudo, cada cuatro años, mediante papeleta, y luego no se vuelve a contar con él.
En el interior de los partidos pasa lo mismo. Los congresos y los mítines electorales son una misa negra (a derecha e izquierda), a la que acuden los fieles militantes sin entender nada y diciendo que sí a todo. Contra lo que decía don Francisco, de que no estábamos maduros, ocurre que hemos agotado la democracia protocolar en diez años y hacen falta los mutantes, como en la genética, la biología y el cine de San Sebastián, muy bien contado por Manuel Hidalgo y Carlos Boyero. Los socialistas, la derechona, Felipe y Aznar, Pujol y Ardanza, todos necesitan un José Muelas que galvanice el protocolo demoburocrático y devuelva la palabra al pueblo. Lo demás es Iglesia.

Fdo. Francisco Umbral

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